El niño Jesús no odia a los mariquitas: cuaderno de actividades con mala leche
El niño Jesús no odia a los mariquitas no es un cómic al uso. Como bien dice en su portada, se trata de un cuaderno de actividades, de esos que imitan la estética de los viejos cuadernillos escolares, pero cambiando las sumas, las caligrafías y los dibujos inocentes por sátira, mala leche y provocación bastante consciente.
Llegué a él después de leer otros dos títulos de Don Julio publicados por Fandogamia en esta misma línea: Ser fascista está mal y Los negritos no van a comerte. Los tres comparten formato, tono y una idea bastante clara: usar su apariencia «infantil» para señalar discursos a adultos que, por desgracia, siguen necesitando explicaciones muy básicas.
La diferencia es que este fue el primero de la serie firmada por Don Julio y también el que más ruido generó. Y, leyéndolo, se entiende por qué.
Un cuaderno para adultos, aunque parezca otra cosa
La propuesta es sencilla: páginas para colorear, pequeñas actividades, dibujos de trazo simpático y mensajes contra la homofobia lanzados con la delicadeza de un ladrillo envuelto en papel de regalo. El objetivo no es contar una historia, ni construir personajes, ni desarrollar una trama. Esto va de lanzar una idea una y otra vez, con humor, con descaro y con ganas de molestar a quien se tenga que molestar.
Y la idea, en el fondo, no puede ser más simple: ser homosexual está bien. Amar a alguien de tu mismo sexo no debería escandalizar a nadie. Dos hombres o dos mujeres besándose no son una amenaza. Lo triste es que haya que seguir explicándolo, y ahí es donde Don Julio decide tirar por el camino más gamberro: explicarlo como de esta manera tan original.
Ese contraste entre «formato infantil, cuasi escolar» con anti homófobo es lo que sostiene el invento. Ves dibujos sonrientes, composiciones sencillas pero el contenido apunta claramente a un lector adulto. Y conviene decirlo así, sin rodeos: esto no es para niños.

La sátira funciona, pero no siempre mide
El cuaderno tiene páginas bastante simpáticas y otras que van mucho más subidas de tono. Don Julio no se queda solo en la frase amable o en la defensa obvia de la diversidad. Mete sexo, religión, chistes visuales bastante brutos y escenas que, aunque estén dibujadas con un estilo caricaturesco y nada realista, dejan claro que estamos ante una publicación para adultos.
No me parece pornográfico, ni peligroso, ni nada parecido. Hay que tener muchas ganas de escandalizarse para vender esto como una amenaza. Pero tampoco creo que haya que fingir que todo es inocente. La estética puede recordar a un cuadernillo para colorear, pero el contenido no tiene nada que ver con eso.
Y aquí está el matiz que me parece importante. La crítica a la homofobia está muy bien dirigida. La burla a ciertos sectores ultrarreligiosos también. Pero algunas páginas parecen pensadas más para provocar que para rematar una idea especialmente ingeniosa. Eso no invalida el conjunto, pero sí hace que este cuaderno me parezca menos redondo y más bruto que los otros dos que he leído de esta línea.
Con la Iglesia hemos topado
Parte de la polémica alrededor de El niño Jesús no odia a los mariquitas venía casi de fábrica. El título ya apunta en una dirección clara, la portada juega con símbolos religiosos y el contenido no tiene ningún interés en pedir permiso antes de repartir bofetadas satíricas.
Ahora bien, una cosa es reconocer que el cuaderno busca provocar y otra muy distinta comprar el discurso de quienes lo presentan como algo terrible. La obra es gamberra, sí. Es irreverente, también. Pero su mensaje de fondo no tiene nada de oscuro: va contra la homofobia y contra esa manía de convertir la diversidad en un problema moral.

De hecho, lo más llamativo de todo quizá sea eso: que una publicación tan pequeña, tan barata y tan obviamente satírica haya conseguido levantar tanta polvareda. A veces basta con poner una frase tan sencilla como “ser homosexual está bien” para que algunos se retraten solos.
Dibujo sencillo, golpe directo
En lo visual, Don Julio apuesta por una línea clara, expresiva y muy cercana al dibujo de cuaderno de actividades. No busca lucirse con grandes composiciones ni con un acabado especialmente elaborado. La gracia está justo en lo contrario: en que todo parezca simple, amable y casi ingenuo.
Esa apariencia ayuda mucho al efecto satírico. Los personajes sonríen, las páginas parecen pensadas para colorear y el lector entra con una sensación de broma ligera. Luego llega el golpe, el chiste incómodo o la escena más subida, y el contraste hace el resto.
Como objeto, tiene algo de artefacto punk en miniatura. Pocas páginas, precio reducido, mensaje frontal y cero intención de quedar bien con todo el mundo.

Conclusión
El niño Jesús no odia a los mariquitas es una gamberrada satírica con más mala leche que recorrido. Se lee en un suspiro, hace gracia en varios momentos y deja claro desde el principio contra quién dispara. Como defensa de la diversidad y burla de la homofobia, tiene sentido. Como cuaderno de actividades para adultos, cumple con lo que promete.
También es el más pasado de vueltas de los tres títulos de Don Julio que he leído en esta línea. No por el mensaje, que me parece necesario, sino por algunas imágenes y chistes que elevan bastante el tono. Por eso conviene no venderlo como una simple broma inocente: no lo es, ni pretende serlo.
Me quedo con su mala leche, con su forma de usar un formato aparentemente infantil para reírse de prejuicios muy adultos y con esa capacidad para incomodar a quien todavía se incomoda por lo básico. No es mi favorito de esta colección, pero sí el que mejor demuestra que, a veces, la polémica dice más del ofendido que del chiste.
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