Crítica de Hannah Arendt: una apuesta por la filosofía

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Crítica de Hannah Arendt: una apuesta por la filosofía
Una filósofa política judio alemana que escapó a Estados Unidos del horror nazi y que escribió un libro sobre la teoría del totalitarismo, puede que no sea la protagonista ideal para pasar dos horas sentado en una butaca. Pero la apuesta de la directora alemana Margarethe von Trotta (Las hermanas alemanas, León de Oro en Venecia en 1981) por uno de los momentos más conflictivos de su vida, que la llevó a enfrentarse con prácticamente toda la sociedad por defender sus pensamientos, bien merecía la pena darle una oportunidad.
La película describe cómo Hannah Arendt, reconocida pensadora gracias a su obra Los orígenes del totalitarismo, se embarca en un viaje a Israel en 1961 con el objetivo de escribir unos artículos para la revista The New Yorker sobre el juicio al teniente coronel de las SS Adolf Eichmann, responsable de los transportes de los deportados a los campos de concentración nazis. Más allá del juicio a uno de los responsables del exterminio de su pueblo, es su valoración sobre la radicalidad del mal y, sobre todo, el papel que, según ella, los líderes judíos pudieron tener en el holocausto la que la puso en el candelero.
Crítica de Hannah Arendt: una apuesta por la filosofía
Von Trotta centra toda su atención en Arendt, interpretada por su musa Barbara Sukova, cuya actuación es uno de los pilares en los que se sustenta la película. El juicio a Eichamnn pasa a un segundo plano para profundizar en la personalidad y el pensamiento de Arendt, lo que da lugar a escenas con demasiada carga dialéctica. Tan elevados discursos filosóficos suponen un bache para el espectador, que había aceptado la premisa de que tan sólo iba a tener que asimilar discusiones políticas sobre la responsabilidad de Eichmann en el exterminio judío. Pero Arendt da un paso más allá al afirmar que el teniente coronel de las SS sólo cumplió sus órdenes como un ser mecánico carente de raciocinio o sentimientos. Los debates sobre la “banalidad del mal” que surgen a raíz de sus artículos son los que acaban frenando el ritmo del filme.
Un acierto fue, en cambio, que la directora alemana incluyera en la película imágenes reales del proceso contra Eichmann en Jerusalén. Resulta mucho más sencillo comulgar con las tesis de Arendt cuando se ve cómo una y otra vez el oficial nazi se escuda en que cumplía órdenes para lavarse las manos y tratar de salir indemne. Pero el paso por el tribunal de testigos y personas relacionadas con el transporte de los judíos a los campos de concentración sirve también a Arent para arremeter contra su propio pueblo, acusando a sus dirigentes de ser asimismo partícipes de lo ocurrido en la Alemania nazi.
Así se llega al verdadero papel para Sukova, el que supone encarnar a una mujer que se enfrenta a todos aquellos que hasta ese momento la reverenciaban, por respaldar sus teorías y defender una manera de pensar que resultaba inaceptable para el resto de la sociedad de la época. La que le hace perder amigos y crearse enemigos incluso entre su propia gente. Sukova aprueba con nota y confiere al personaje de la frialdad necesaria para caminar con la cabeza alta pese a las críticas y amenazas, junto a la fragilidad que supone ser tan dependiente de sus amistades y seres queridos.
Crítica de Hannah Arendt: una apuesta por la filosofía
Aparte de varios personajes que aportan poco a la historia y de diversos diálogos que, sobre todo al principio de la película, son prescindibles, ya que no ayudan a construir la trama, el filme de Von Trotta consigue plasmar muy aceptablemente la personalidad férrea de Hannah Arendt, aunque el ritmo flaquea mucho cuando se centra en las tesis filosóficas de la pensadora. Por otro lado, a Sukova y sus cigarrillos (si no conté mal, en casi dos horas de película se fuma 5.388 cigarrillos; aunque, si añadimos los de los demás personajes, la cifra se acercará a la producción anual de Philip Morris) no le hace falta el resto del reparto para echarse a la espalda el peso del filme.
Escama también la historia sentimental de una jovencísima Arendt presentada a base de flashbacks introducidos con calzador para dotar al personaje de un pasado que le añada algo más de evolución. Sin embargo, se puede perdonar por lograr que una reflexión sobre la maldad en el ser humano perdure todavía en la cabeza del espectador unos momentos después de que la imagen se fundiera a negro.

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