El hada y la jardinera: un cómic precioso, aunque no seas su público
Voy a empezar siendo bastante claro: El hada y la jardinera no es un cómic pensado para mí. Y no pasa absolutamente nada.
De hecho, una de las cosas buenas de recibir y leer obras que se salen de mi zona de confort es precisamente esa: me obligan a mirar hacia otros públicos, otros gustos y otras formas de disfrutar el cómic. No todo tiene que estar hecho para lectores que buscan historias oscuras, violentas, complejas o con muchas capas. También hay sitio para obras sencillas, bonitas y amables. Y este cómic de Dibbuks, escrito por Joe Whitt e ilustrado por Rii Abrego, entra de lleno en esa categoría.
Una historia sencilla sobre hadas, jardines y cuidado
La premisa no puede ser más sencilla. Glicina, un hada joven, descubre que las hadas ya no se ocupan como antes de los jardines. Con la llegada de los humanos, han dejado de considerarse necesarias y viven de otra manera, más relajada y apartada de esa antigua función.
Pero cuando Glicina conoce a una jardinera humana y se acerca a su jardín, empieza a recuperar esa conexión con las flores, las plantas y el cuidado de la naturaleza.
Y ya está. No hay gran drama. No hay conflicto potente. No hay una amenaza escondida esperando al final del camino. El hada y la jardinera es una historia muy lineal, muy luminosa y muy consciente de lo que quiere ser: una lectura agradable sobre cuidar las cosas, poner cariño en lo que haces y entender que algo tan sencillo como ayudar a que un jardín crezca también puede tener valor.

Un cómic que entra por los ojos
Como objeto, el cómic es una preciosidad. La edición resulta muy agradable al tacto y a la vista, la paleta de colores es llamativa y el dibujo tiene ese punto amable que puede recordar a ciertas fantasías infantiles de los ochenta o a algunas producciones japonesas pensadas para un público joven.
No lo digo como comparación directa, sino por esa sensación de mundo pequeño, colorido, seguro y lleno de personajes con diseños muy cuidados.
Visualmente es, sin duda, lo mejor de la obra. Las hadas tienen diseños muy variados, con distintos cuerpos, colores, peinados y formas de vestir. Hay una intención clara de transmitir diversidad sin subrayarla demasiado, simplemente haciendo que ese mundo parezca vivo y lleno de pequeñas diferencias.
Además, algunas composiciones funcionan muy bien, sobre todo cuando el color y la luz convierten el jardín en un espacio casi de refugio.

Hay que saber a qué se viene
Ahora bien, hay que saber a qué se viene. Si buscas una historia con tensión, giros, riesgo o una lectura que te sacuda un poco, probablemente El hada y la jardinera se te quede muy lejos. No porque esté mal hecho, sino porque juega en otro terreno.
Es un cómic pensado para lectores jóvenes, diría que especialmente para niñas de entre 8 y 14 años, o para cualquier persona que disfrute de historias tranquilas, bonitas y sin aristas.
A mí no me ha hecho clic como lector, pero sí me sirve como recomendación. Y eso también tiene valor. No todos los cómics que leo tienen que estar pensados para mí; algunos ayudan a ampliar el mapa y a saber qué recomendar cuando alguien busca algo distinto.

Conclusión de El hada y la jardinera
El hada y la jardinera es un cómic precioso, amable y muy fácil de leer. No pretende ser más de lo que es, y eso juega a su favor.
No es una obra para todos los públicos en el sentido amplio, pero sí puede ser una lectura estupenda para su público natural: lectores jóvenes, amantes de las hadas, los jardines, los colores bonitos y las historias donde todo es un poco más sencillo de lo que suele ser fuera de sus páginas.
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