Geografía e historieta: jugar con la Historia sin fiarse de nadie
Geografía e historieta era una de las novedades de Grafito Editorial que más curiosidad me despertaba este septiembre. Su propuesta prometía mezclar episodios del siglo XX, versiones históricas bastante discutibles y una inteligencia artificial empeñada en convertir el conocimiento humano en un batiburrillo. Después de leerlo, puedo decir que el resultado es tan raro como esperaba, aunque no siempre para bien.
No me ha entusiasmado, pero tampoco se me ha hecho pesado. Se lee rápido, ofrece suficientes cambios visuales para mantener la atención y contiene varias historias con las que sí me he reído. El problema aparece cuando intento verlo como una obra completa y no como una colección de historietas independientes.
Una enciclopedia para corregir a la inteligencia artificial
La historia nos sitúa en el siglo XXII. Una entidad llamada Inteligencia Madre controla prácticamente todo el conocimiento disponible, pero los datos que ofrece están cada vez más contaminados por errores, invenciones y versiones que se copian unas a otras.
Para evitar que la Historia termine convertida en un refrito imposible de contrastar, un grupo de supuestos expertos trabaja en una nueva enciclopedia impresa en papel. La primera entrega estará dedicada al siglo XX y permitirá repasar acontecimientos como la Primera Guerra Mundial, el encuentro entre Franco y Hitler en Hendaya, la llegada del hombre a la Luna, el asesinato de Kennedy o algunos de los grandes desastres del pasado reciente.
Eso sí, conviene dejarlo claro: este cómic no quiere enseñar Historia de una manera convencional. Fran Toro, profesor de Historia y autor de novelas como Olivos de cal y Llovizna, utiliza hechos y personajes reales para construir relatos cargados de invención, conspiraciones y disparates. El juego consiste en dudar, investigar y decidir qué parte puede ser cierta y con cuál nos la están colando.

Un conjunto de historietas que nació por separado
El propio cómic explica que su origen está en una serie de microrrelatos escritos por Fran Toro bajo el nombre de Distracciones ferroviarias. Fran propuso a Juaco Vizuete que realizara algunas ilustraciones para compartirlos en redes y este decidió que podían adaptarse directamente al lenguaje del cómic.
Después llegó el Premio Josep Sanchis Grau de los XLIII Premios Literarios Ciutat de València y la posibilidad de publicar el proyecto con Grafito Editorial. Fue entonces cuando surgió la idea de sumar una historia adicional que reuniera todos los relatos mediante esa enciclopedia del futuro destinada a corregir las barbaridades generadas por la IA.
La obra cuenta todo esto con bastante guasa e incluso bromea con la necesidad de inventar un pretexto argumental que aporte coherencia. Agradezco esa sinceridad, aunque reconocer el truco no consigue que desaparezcan sus costuras.
Los episodios históricos tienen identidad propia y algunos podrían leerse sin conocer nada sobre Inteligencia Madre, los becarios o la enciclopedia. La trama futurista sirve para ordenarlos y conecta con un debate completamente actual, pero pocas veces consigue llevarlos más allá de su condición de historias independientes.

La Historia como terreno para la duda
La ambigüedad forma parte de la diversión. Geografía e historieta presenta sus versiones con aparente seriedad y deja que sea el lector quien se pregunte cuánto hay de verdad detrás de cada una. Algunas parten de personajes y sucesos documentados; otras se internan directamente en la historia alternativa y el disparate conspiranoico.
La idea tiene bastante sentido en un momento en el que recurrimos a la IA para resolver cualquier duda y aceptamos muchas respuestas sin comprobar de dónde ha salido la información. El cómic exagera esa dependencia hasta imaginar un futuro en el que las máquinas han mezclado tantas versiones que resulta imposible separar los hechos de la ficción.
El planteamiento se entiende rápido y da pie a varios buenos chistes. Aun así, la crítica a la IA se queda algo corta. Inteligencia Madre representa la acumulación de errores, el reciclaje de contenidos y la tendencia de estas herramientas a completar los huecos inventándose lo que falta, pero el álbum no profundiza demasiado más. Sirve como marco satírico y como excusa narrativa. Esperaba que también aportara algo más de mala leche.

Tsutomu Yamaguchi, los dobles de Hendaya y Kubrick
Mis partes favoritas son aquellas en las que el estilo gráfico, el humor y el acontecimiento escogido se complementan mejor.
La historia de Tsutomu Yamaguchi, conocido en el cómic como el Hombre Afortunado, es uno de los ejemplos más claros. Yamaguchi sobrevivió a las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, aunque su vida posterior difícilmente puede describirse como afortunada. Me hizo reír, pero también deja un poso bastante triste cuando piensas en lo que sufrió aquel hombre.
También me divertí con el encuentro de los supuestos dobles de Hitler y Franco. La conversación convierte la entrevista de Hendaya en una farsa absurda y aprovecha una situación histórica sobradamente conocida para llevarla hacia un terreno inesperado.
Algo parecido ocurre con la intervención de Stanley Kubrick en el supuesto montaje del alunizaje. La historieta juega con una de las teorías de la conspiración más populares y presenta al director dejando pistas para trolear una obra que nunca podría reconocer como propia. No pretende convencernos de nada. Se limita a retorcer el relato conocido y dejar que disfrutemos del disparate. El episodio adopta un dibujo que recuerda a Peanuts y utiliza esa apariencia inocente para contar una parte de la historia que encanta a los conspiranóicos y que aun hoy en día genera dudas.
No todas las piezas me hicieron la misma gracia. Algunas se sostienen más por la curiosidad del hecho histórico o por el dibujo que por el remate humorístico. Esa irregularidad también pesa en un álbum que depende mucho de que cada episodio encuentre su propio tono.

Juaco Vizuete cambia de registro en cada historia
La variedad gráfica es uno de los mayores atractivos del cómic. Juaco Vizuete, autor de obras como El Resentido, Lo primero que me viene a la mente o Yuna, adapta el dibujo a las necesidades de cada relato.
Unas páginas buscan un acabado relativamente realista. Otras se acercan a la caricatura, la prensa satírica o el cómic underground. También encontramos esa apropiación del estilo de Snoopy y sus amigos, además de cambios de color, composición y diseño que evitan que la lectura resulte monótona.
Ese despliegue visual encaja especialmente bien con el carácter fragmentario del libro. Cada historieta parece proceder de una publicación diferente y Vizuete aprovecha esa libertad para experimentar sin tener que mantener una estética uniforme durante las 96 páginas.
Curiosamente, lo que mejor sostiene el conjunto es esa diversidad. El argumento busca unir las piezas, mientras que el dibujo acepta que son diferentes y saca partido de ello.

Geografía e historieta: una obra curiosa, aunque irregular
Geografía e historieta tiene personalidad, buenas ideas y una forma poco habitual de acercarse al siglo XX. También posee ese espíritu de tebeo español independiente que puede recordar a una revista satírica, un fanzine o una recopilación de relatos experimentales.
Sus autores consiguen que episodios muy conocidos vuelvan a resultar divertidos gracias a la mezcla de ficción, conspiración y humor. Además, la variedad gráfica de Juaco Vizuete aporta bastante más que un simple cambio de apariencia entre capítulos.
La trama sobre la inteligencia artificial, en cambio, no termina de convertir todas esas piezas en un álbum verdaderamente cohesionado. Se nota que apareció después y que su principal misión consiste en mantener unido el material. El propio cómic lo reconoce y hace un chiste con ello, pero yo seguí viendo el pegamento entre una historia y la siguiente.
No es una lectura que vaya a recomendar a todo el mundo ni una obra que me haya volado la cabeza. Puede encajar bastante bien con lectores aficionados a la historia alternativa, el humor absurdo y los cómics que cambian constantemente de estilo. Yo me quedo con varios episodios concretos, con el trabajo gráfico de Vizuete y con algunas dudas históricas que apetece investigar después de cerrar el libro.
Quizá esa última curiosidad sea uno de sus mejores logros. No consiguió entusiasmarme como conjunto, pero sí logró que quisiera comprobar cuántas barbaridades acababa de leer.

