Scarlet: por qué el nuevo anime de Mamoru Hosoda no funciona como debería
¿Merece la pena ver Scarlet en cines? La nueva película de Mamoru Hosoda prometía una revisión diferente de Hamlet dentro del anime moderno, pero su resultado es más irregular de lo esperado. Tiene momentos visualmente espectaculares y un arranque muy potente, aunque su historia termina perdiendo coherencia a medida que avanza.
Mamoru Hosoda, director insigne del anime, responsable de adaptar varias historias icónicas como Los niños lobo o El niño y la bestia, regresa a la pantalla grande con un proyecto interesante aunque fallido. Una cinta que tiene un buen arranque, muy potente, y que a medida que avanza la proyección va perdiendo fuelle. Podría haber sido algo diferente, pero se acaba convirtiendo en un pequeño caos adornado, eso sí, con una animación muy bonita. Pero vayamos por partes.
Ya hemos definido Scarlet como una propuesta fallida, y ahora toca explicar el por qué. No pretendemos con esto decirle a los espectadores lo que tienen o no tienen que ver; es más, desde aquí invitamos a todos a verla, porque al final el arte depende de la percepción y de los gustos de cada uno. Cerrando este breve paréntesis, seguimos explicando por qué hablamos de una cinta que falla en sus premisas. Scarlet es una revisión de Hamlet, el clásico de Shakespeare, solo que Hosoda le añade una protagonista femenina.

Esto en sí mismo no tiene por qué ser un problema. Pero los inconvenientes llegan si se convierte en un vehículo para la propaganda. Para entenderlo, recordemos brevemente el original de Shakespeare: Hamlet es la historia de un príncipe danés que quiere vengar la muerte de su padre, el rey, a manos de su tío. Y alrededor de esto hay intrigas, hay fantasmas, hay oscuridad, hay muerte. Y sobre todo, hay venganza. Tengamos esto muy en cuenta para el resto del análisis.
Bien, parece que nos encontramos ante una lectura diferente del clásico, lo cual, recalcamos, no tiene por qué ser un problema, siempre que se mantenga el respeto a la esencia del original. Porque en el caso que nos ocupa, Scarlet muere y se encuentra en una especie de limbo donde la vida y la muerte, el tiempo y el espacio, no existen como tales trascendentales metafísicos, sino que se entrecruzan. Aquí ya empezamos con los problemas, culturales para más señas. Porque en la mitología japonesa no existen ni el cielo ni el infierno: su visión de la otra vida es muy distinta a la nuestra. Adaptar un clásico de la literatura occidental hacia el folclore oriental no tiene por qué salir mal, pero puede haber inconvenientes de verosimilitud.

Hablábamos hace dos párrafos del concepto venganza. Retomando el hilo de la trama, Scarlet se encuentra en ese limbo con un chico llamado Hijiri, un enfermero del siglo XXI. Dos personajes diferentes, de dos épocas totalmente distintas: una guerrera, ansiosa por vengar a su padre, y un enfermero que confunde el deber sagrado de proteger la vida humana con un pacifismo de guitarra y “Imagine” de John Lennon. ¿Qué puede salir mal?
Si se adapta Hamlet, es mejor hacerlo en serio, sin interpretaciones ni lecturas de visionario mediante. Si se opta por una historia que verse sobre la vida, la muerte y el amor, entonces hablamos de una película totalmente distinta. Hablamos entonces de una coherencia argumental que en este film no tiene cabida, porque Hamlet no es una reflexión metafísica sobre esos temas mencionados. En todo caso, y como hemos podido ver recientemente en la maravillosa Hamnet, puede ser un ejercicio que verse sobre la superación de la muerte de un ser querido.
Somos conscientes de los miles de fans que hay en España del manga y del anime que irán a ver esta película con mucho entusiasmo, y hacen bien en verla. Desde aquí no pretendemos desanimar, sino manifestar una opinión formada. La elección, como siempre, es de todos vosotros.
