Bienvenidos a Pandemonia, de Diego Agrimbau y Gabriel Ippóliti [Reseña]
Hay autores a los que llegas casi por casualidad… y luego te los vuelves a encontrar.
En mi caso, a Diego Agrimbau lo conocí gracias a Desierto de Metal, una de las primeras obras que Grafito Editorial publicó en España, junto a Cieloalto, otro título suyo que han reeditado recientemente y que tengo pendiente de reseñar.
Así que cuando cayó en mis manos Bienvenidos a Pandemonia, ya tenía cierta referencia sobre su trabajo… aunque no exactamente de lo que me iba a encontrar aquí.
Un infierno demasiado actual
La premisa es sencilla: un “gurú” del éxito muere y acaba en el infierno. Y, por supuesto, no entiende por qué.
Pero lo interesante no es eso. Lo interesante es el mundo que lo rodea.
Porque este infierno no está construido solo con fuego y azufre, sino como una maquinaria burocrática saturada, con normas que llegan “de arriba” y trabajadores que no dan abasto.

Y el motivo es tan absurdo como reconocible: cada vez hay más pecadores… y cada vez más específicos.
En un momento dado, desde el cielo llega un nuevo memorando en el que se amplía el catálogo de pecados sujetos a castigo en caldera infernal, tortura eterna y otras derivadas según «jurisprudencia tribunalicia celestial».
Entre los nuevos condenados aparecen promotores de estafas piramidales, mandalas de la abundancia, negocios multinivel, gurús de autoayuda, coaches ontológicos, oradores motivacionales de charlas tipo TED, scammers, estafadores de ancianos, terraplanistas, antivacunas, negacionistas del cambio climático, incels radicales, misóginos militantes… e incluso agentes inmobiliarios.
La lista es tan exagerada que resulta divertida… y tan cercana que resulta incómoda.
Una sátira que, si te dedicas a esto, te toca de cerca
Aquí es donde el cómic gana muchos puntos.
Porque más allá del humor, lo que plantea es una crítica bastante directa a ese ruido constante que generan ciertos perfiles que venden soluciones rápidas, éxito inmediato y discursos vacíos.
Y si trabajas en sectores como el marketing digital o el desarrollo web —como es mi caso—, esto no suena a exageración. Suena a martes cualquiera.

El protagonista, Uriaki Posta, es el ejemplo perfecto. Un personaje que ha construido toda su vida alrededor de ese tipo de discurso… y que, incluso después de morir, sigue sin entender qué ha hecho mal.
Su historial deja claro por qué ha acabado donde ha acabado: desde estafas telefónicas a jubilados en su juventud hasta esquemas piramidales, crowdfundings dudosos, manipulación política e incluso su propia criptomoneda, antes de reinventarse como referente motivacional.
Todo ello rematado con una convención organizada por una empresa llamada Morningstar Convention, en una referencia bastante evidente al demonio como “estrella de la mañana”.
Demonios, jerarquías y un sistema que hace aguas
Mientras Uriaki intenta apelar su condena recorriendo distintos departamentos del infierno, la obra desarrolla una trama paralela bastante simpática: los demonios están en huelga.
Saturados, quemados y desbordados por el volumen de trabajo, empiezan a cuestionar un sistema que no deja de generar “clientes”.
En ese recorrido hay detalles muy bien pensados, como la representación de demonios de distintas culturas ocupando diferentes cargos o esa sensación constante de estructura que funciona… pero mal.

Incluso hay chistes bastante afilados sobre la contradicción de tener que castigar tanto al que habla de forma políticamente incorrecta como al que lo hace de forma políticamente correcta, dejando claro que la sátira no apunta solo a un lado.
Otra vez, difícil no ver el paralelismo con la realidad.
Un apartado visual que suma mucho
El trabajo de Gabriel Ippóliti encaja perfectamente con todo esto.
El diseño del infierno, de los demonios y de los distintos castigos está lleno de ideas visuales que refuerzan el tono satírico de la obra. Tanto los grandes jefes infernales como los demonios rasos y los condenados cuentan con un diseño muy trabajado, y el conjunto está repleto de detalles.
Hay variedad, hay personalidad y, sobre todo, hay intención. No es solo un dibujo vistoso: es una parte esencial del mensaje.
Un final que llega demasiado pronto
Si hay que ponerle una pega, está en el cierre.
La resolución resulta algo rápida y deja la sensación de que la historia podría haberse desarrollado un poco más antes de llegar a su desenlace.
No arruina la experiencia, pero sí impide que la obra termine de ser todo lo redonda que apuntaba a ser durante buena parte de la lectura.
Conclusión
Bienvenidos a Pandemonia no es una obra que vaya a cambiar el medio ni a convertirse en un fenómeno. Pero tampoco lo necesita.
Porque lo que hace, lo hace bien: plantear una sátira actual, reconocible y bastante afinada sobre un tipo de discurso que, cada vez más, forma parte del día a día.
Y si te mueves en ciertos sectores… probablemente te rías.
Pero también puede que te incomode un poco.
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