Mud (USA, 2012), de Jeff Nichols [2ª Critica]

Mud (USA, 2012), de Jeff Nichols [2ª Critica]
En el tercer largometraje de Jeff Nichols, sin abandonar su predilección por la mirada sobre la vida rural y aparentemente plácida del interior de su país, converge una compleja trama, que se funde hábilmente con la tradición literaria del mundo de los adultos visto desde la infancia. A ella pertenecen obras inmortales como Grandes Esperanzas, de Charles Dickens, Las Aventuras de Tom Sawyer y Huckelberry Finn, de Mark Twain, o La Isla del Tesoro de Robert Louis Stevenson. Se trata de obras mayúsculas, que giran en torno a niños fascinados por adultos, generalmente al otro lado de la ley, involucrándose en sus vidas, imbuidos por el espíritu aventurero que tan intensamente nos carcome cuando somos muy jóvenes e impulsivos. Tales temas han sido un sensacional lienzo literario, en manos de grandes figuras de la pluma universal.
Ese particular y rico universo, aparece servido por Nichols, en consonancia con cierta tendencia actual en determinados cineastas independientes estadounidenses, que abordan, con un implacable poso de amargura, a veces con desesperados toques de humor, y otras, incluso, con unas gotas del “realismo mágico” propio de la literatura hispanoamericana. Se trata de historias desgarradoras, en definitiva, sobre personajes que les toca vivir unas vidas acabadas, lastimeras, sin redención posible, al borde de la desesperación (ese reverso tenebroso del sueño americano), ambientadas en trágicos escenarios de la denominada “América profunda”. En ellas, los personajes comparten miseria y la nostalgia derivada de la proximidad del fin de un modo de vida ancestral, que no termina de encajar con la mal asumida modernidad tecnológica. Hablamos de las excelentes Winter’s Bone (USA, 2010), de Debra Granik, o Bestias del Sur Salvaje (Beasts on the southern wild, USA, 2012), de Benh Zeitlin, entre otras, con las que el último largo de Jeff Nichols comparte no pocos puntos en común, además de constituir grandes muestras del cine indie reciente.
Mud (USA, 2012), de Jeff Nichols [2ª Critica]

Por otro lado, el personaje al que da vida magníficamente Mathew McConaughey, y que da título al film, pudo haber sido interpretado perfectamente por Paul Newman en su plenitud, es decir, a finales de los 50, ó durante los 60, del pasado siglo XX. En concreto, el personaje de Mud, entronca con las memorables caracterizaciones de Newman a las órdenes de dos de sus directores predilectos, Martín Ritt, para quien hizo El Largo y cálido verano (The Long hot summer, USA, 1958) y Hud, el más valiente entre mil (Hud, USA, 1963), entre otras, o Stuart Rosemberg, con quien el actor filmó La Leyenda del Indomable (Cool hand luke, USA, 1967). Estos films obran como referentes, tanto para la interpretación de McConaughey, como para el guión y la realización de Nichols, pues aquellos títulos comparten con la obra que nos ocupa, fascinantes retazos de rebeldía, decepción y desencanto en momentos concretos de la vida de unos jóvenes a los que se les prometió mucho desde que nacen, y se toparon con la cruda realidad. En palabras del escritor William Burroughs “El sueño americano es precisamente un intento de borrar el sueño de la existencia. El sueño ocurre espontáneamente y, por tanto, es peligroso para un sistema de control creado por la falta de soñadores.
Mud (USA, 2012), de Jeff Nichols [2ª Critica]
El director de Shotgun stories (USA, 2007), excelente tarjeta de presentación, una opera prima, violenta y con ecos de tragedia griega, trabajó durante más de 8 años en el sólido de esta excelente película, que no quiso hacer con un presupuesto reducido que le impidiese plasmar adecuadamente aquello que la historia requería. El paso del tiempo hizo que la trama y los personajes madurasen adecuadamente. Finalmente cuando el realizador alcanzó su prestigio con la paranoica, Take Shelter (USA, 2011), excelente largometraje, de calculada y sobria ambigüedad, consiguió el presupuesto de 10 millones de dólares que requería su tercer trabajo. En ese momento, llegó la oportunidad de sumergirse de pleno en la historia de este joven fugitivo, conocido como Mud (barro en inglés), rebelde sin causa, un tanto supersticioso, enamorado desde la infancia y hasta la médula de una chica que no lo merece, Juniper (muy bien interpretada y comprendida por Reese Witherspoon). Mud huye de la policía y de unos caza-recompensas, liderados por Carver (Paul Sparks) y su padre King (Joe Don Baker). Ambos pretenden llevar a cabo una particular venganza. En concreto matar al joven, puesto que éste, a su vez, mató al hermano de Carver, otro hijo de King, que fue un violento amante de Juniper. Mud se ha escondido en una isla bañada por el río Mississippi, en Arkansas, donde es descubierto por dos adolescentes, Ellis -interpretado por Tye Sheridan, el hijo de Brad Pitt en El árbol de la vida (Tree of life, USA, 2011), de Terrence Malick -, y su amigo inseparable Neckbone (Jacob Lofland), que le ayudarán proporcionándole comida y material para reflotar una embarcación atrapada inexplicablemente en la copa de un árbol de la isla y marcharse lejos, hacia el golfo de Méjico, con su amada. 
Mud (USA, 2012), de Jeff Nichols [2ª Critica]
La suspicacia inicial, se transforma para Ellis en fascinación por Mud, a quien ayuda por su idealizada visión del amor que profesa aquél a Juniper. Dicha idealización, proviene de la tristeza del joven ante el fracaso y la inminente ruptura del matrimonio de sus padres, Senior (excelente Ray McKinnon) y Mary Lee (estupenda Sarah Paulson), además de por el inminente desalojo y destrucción de su casa junto al río, debido a las políticas urbanísticas de la zona, y al tecnicismo legal por el cual, si el titular de cualquiera de las viviendas adosadas al río se marcha, la vivienda debe ser derruida. Precisamente, la vivienda familiar de Ellis figura a nombre de Mary Lee, que quiere divorciarse de su esposo y marcharse a la ciudad. Para Ellis, catalizador de la historia, la vivencia de los acontecimientos que se desarrollan a lo largo del metraje, a los que hay que añadir su propio desengaño amoroso con una joven un poco mayor que él, garantiza el rápido tránsito hacia la pérdida de la inocencia que supone la irrupción en el mundo de los adultos.
Mud (USA, 2012), de Jeff Nichols [2ª Critica]
Nichols acierta en el tono reposado de la historia, casi al modo de las suaves corrientes que mecen el río, que marca el devenir de los personajes, y en la disección de ese formidable puzzle de vidas gastadas, que deambulan por la historia de un modo aparentemente inconexo, pero que terminan por integrarse adecuadamente. Tal es el caso de Galen (interpretado por el excelente actor Michael Shannon, actor fetiche del realizador, presente en sus tres películas), el tío de Neckbone, que cuida de él, por ser huérfano, que se gana la vida cogiendo lapas y peces en el fondo del río, así como todo tipo de artilugios que arrastra la corriente, ataviado con un traje de buceador diseñado por él mismo, y que parece ser un excéntrico observador de actitudes; o de Tom Blankenship (soberbio Sam Shepard), lo más parecido a un padre que ha tenido Mud, antiguo francotirador de los marines y vecino del joven Ellis. Tom, según Senior, es de aquellas personas que han venido a vivir al río “para que les dejen en paz”. 
Mud (USA, 2012), de Jeff Nichols [2ª Critica]
Llama poderosamente la atención, tras el visionado, y pese al extenso metraje (sobrepasa en diez minutos las dos horas), como el trabajo de Nichols interesa y mucho desde el comienzo, y no pierde interés, ni ritmo en ningún momento. Ello es debido, no sólo a la complejidad de la historia y de los personajes, interpretados por un puñado de actores entregados a las excelencias del magnífico guión, sino también a las maneras de la narración, entre evocadoras y narrativamente secas, muy sobrias, pero sumamente eficaces a la hora de retratar con mucha sutilidad la fuerza vital de los personajes, de sus conflictos y contradicciones. Secuencias como el traslado de Ellis al hospital después de ser mordido por una serpiente, o el repentino y seco ajuste de cuentas en la casa flotante del niño, bajo la atenta mirada de Tom, contrapuestas con imágenes más íntimas como la despedida de Mud y Juniper, las conversaciones de Ellis con su padre, o esa inmersión en el río de Galen, casi al final, de marcado tono onírico, otorgan al film la enorme categoría que sin duda el tiempo le dará, pero que, obviamente ya tiene y que no todos sabrán apreciar. Una gran película, que consolida en el panorama actual, la trayectoria de quien ya no es un prometedor realizador, sino una realidad imprescindible en el actual escenario del cine americano. 

NOTA: ESTE FILM HA SIDO ANALIZADO POR SEGUNDA VEZ POR SU VALIA, ALGO QUE SE DEMUESTRA AL CONTAR CON OTRA OPINIÓN (LA DE NUESTRO COMPI ASIER, QUE PODÉIS LEER HACIENDO CLIC AQUÍ ), QUE OS TRAJIMOS HACE UN PAR DE SEMANAS.

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