Crítica de Resident Evil: Zach Cregger recupera el survival horror
La marca Resident Evil es de sobra conocida, no solo entre los más jugones. A principios de los 2000, el director Paul W. S. Anderson realizó la primera adaptación al cine, protagonizada por Milla Jovovich.
Con secundarios conocidos como Michelle Rodriguez o James Purefoy, la cinta contaba con poco presupuesto y un guion que cogía los ingredientes básicos del juego.
Aquella versión de Resident Evil tuvo bastante éxito y dio lugar a una saga que se prolongó a lo largo de seis películas, que aquí no vamos a repasar porque no viene al caso.
Para esta ocasión hay que distinguir, por un lado, la saga de Anderson y Jovovich. Por otro, la última película realizada hace unos años, Resident Evil: Bienvenidos a Raccoon City, que cosechó una buena cantidad de odio. Por nuestra parte, desde luego que no: es más, la consideramos una propuesta carpenteriana interesante. Luego estarían las películas de animación 3D disponibles en Netflix y, de la serie de imagen real, mejor nos olvidamos… como ha hecho todo el mundo.

Ahora, el director Zach Cregger, responsable de éxitos como Barbarian y Weapons, sobre todo esta segunda, que se convirtió en una de las sorpresas del verano de 2025, toma la conocida marca del survival horror consolero y nos trae una película con una atmósfera realmente genial, que entremezcla con habilidad la comedia negra y el terror.
Desde mi perspectiva, el principal logro de Cregger en su traslación de Resident Evil es cómo ha absorbido la narrativa del videojuego y la ha trasladado al lenguaje cinematográfico. Algo que se puede apreciar en los minutos introductorios de la película: una carretera nevada, en plena noche, con el protagonista, Bryan, conduciendo hacia su destino, Raccoon City.
La trama ayuda a esto porque el guion es muy sencillo y también parte de ese esquema propio de un videojuego: hay que llevar algo del punto A al punto B. Aquí nos encontramos con Bryan, un mensajero y un tipo normal. No es Alice, que repartía estopa y tiros sin problema. Y eso también es un gran acierto.
Decía que la cinta es de atmósfera, y es que aquí lo importante no es matar bichos diversos, sino crear en el espectador la misma sensación de agobio que tienes cuando estás sumergido en cualquier juego de Resident Evil.

A medida que el relato avanza, la tensión va creciendo hasta alcanzar un clímax por todo lo alto.
En definitiva, una película que se hace corta y que te deja con ganas de más.
¿Continuará Zach Cregger al mando de esta saga? Desde aquí animamos a Sony a que no dude y le pida más, pero explorando siempre nuevos personajes e historias.
Si hay algo que pone de manifiesto esta película es que cualquier idea, en manos de un buen director con libertad para hacer y deshacer, puede convertirse en un festival tan estupendo como este.
Que nadie lo dude: id este fin de semana a las salas, seáis fans del juego o no. Resident Evil no deja indiferente a nadie.
