La noche de los gatos: noir, humor negro y una noche de locos
Hace unos días hablaba de La orilla que nos une, obra publicada por Elephant Books en este mes de octubre de 2026, y ahora, le ha llegado el turno a otra novedad del mismo mes de la la editorial hermana de Elephant, Cartem Cómics. Curiosamente, pese a ser dos tebeos completamente distintos, los gatos tienen cierta presencia en ambos desde sus propias portadas.
Pero las coincidencias prácticamente terminan ahí.
La noche de los gatos, de Sebastià Cabot, juega en una liga completamente diferente. Aquí no hay demasiado tiempo para detenerse a pensar porque, una vez que empieza la noche, lo mejor es dejarse llevar por ella. Estamos ante una comedia negra, un relato de género policíaco pasado por el filtro del absurdo y protagonizado por una de esas parejas que funcionan precisamente porque no deberían funcionar.
Y me lo he pasado estupendamente leyéndolo.
Una noche que se complica demasiado rápido
Todo comienza en Tangentópolis, una ciudad en la que varias prostitutas han sido asesinadas y donde la policía intenta encontrar al responsable.
Marius Riutort, un viejo escritor de novelas policíacas, misántropo, gruñón y bastante poco interesado en lo que ocurre a su alrededor, acaba saliendo de casa por una cuestión mucho más importante para él: encontrar a su gato.
El problema es que termina en la calle, sin llaves y cruzándose con Boldoni, un policía que intenta atraer al asesino haciéndose pasar por una prostituta.
A partir de ahí, todo se complica.

Riutort y Boldoni terminan recorriendo la ciudad mientras intentan encontrar al asesino, recuperar al gato y, sobre todo, sobrevivir a una noche en la que cada problema parece conducir directamente al siguiente. Por el camino aparecen delincuentes, guerras entre bandas, personajes de dudosa reputación y gente con dinero y poder metida en asuntos que probablemente sería mejor no conocer.
Contado así podría parecer un thriller bastante oscuro. Y en cierta manera lo es.
El pequeño detalle es que sus protagonistas convierten prácticamente cualquier situación en un disparate.
Riutort y Boldoni, una pareja condenada a entenderse
Buena parte de lo que hace divertida La noche de los gatos está en la relación entre sus dos protagonistas.
Boldoni es un policía bienintencionado, pero también tremendamente torpe. Riutort, por su parte, tiene bastante más mundo, muy poca paciencia y una facilidad considerable para insultar a su improvisado compañero.
Lo mejor es que muchas veces Boldoni ni siquiera entiende qué demonios le acaba de llamar.

Ese recurso se repite durante la historia y podría haber terminado cansando, pero a mí me ha funcionado como uno de los chistes recurrentes del cómic. Riutort puede estar desesperado ante la última metedura de pata del policía, soltarle alguna barbaridad y encontrarse delante a un hombre que prácticamente necesita que le expliquen que acaba de ser insultado.
Entre uno y otro se establece una dinámica muy sencilla, pero efectiva. Y como la historia apenas les concede descansos, Cabot no necesita dedicar páginas y páginas a construir su relación. Lo hace mientras corren, discuten, escapan o intentan salir del siguiente lío en el que se han metido.
Feo, sí. Pero creo que a conciencia
El dibujo de Sebastià Cabot merece mención especial porque mi primera reacción al verlo es decir, directamente, que La noche de los gatos no es un cómic bonito.
De hecho, diría que es bastante feo.
Pero no lo digo necesariamente como algo negativo. Más bien al contrario: tengo la sensación de que es feo con toda la intención del mundo.
Cabot utiliza un trazo fino, caricaturesco y tremendamente expresivo. Los personajes son desgarbados, exagerados y poco agraciados, y esa decisión encaja perfectamente con la clase de historia que está contando.

Incluso cuando se mueve por ambientes relacionados con la prostitución, el sexo, la delincuencia o los excesos de determinados personajes, no hay intención de embellecerlos o erotizarlos. Todo forma parte de una ciudad grotesca poblada por gente igualmente grotesca.
Y ese estilo tiene otra ventaja importante: se mueve de maravilla.
Porque si algo necesita este cómic es movimiento. Hay carreras, huidas, golpes, persecuciones y personajes entrando y saliendo constantemente de problemas. El dibujo transmite muy bien esa sensación de que la noche ha empezado a rodar cuesta abajo y nadie sabe exactamente dónde va a terminar.
Noir, crítica social y muchas ganas de pasarlo bien
La noche de los gatos también deja caer cierta crítica hacia una sociedad en la que el dinero y la posición permiten determinadas conductas. Durante su particular odisea nocturna, Riutort y Boldoni terminan acercándose a ambientes donde aparecen personas poderosas, políticos y personajes que aprovechan su posición mientras en otras zonas de la ciudad están asesinando a mujeres.
Está ahí y forma parte del retrato bastante poco amable que Cabot hace de Tangentópolis.
Pero tampoco creo que haga falta buscarle tres pies al gato. Y perdón, porque en esta reseña el chiste era inevitable.
Para mí, la principal virtud de la obra no está en una supuesta reflexión profunda sobre nuestra sociedad, sino en lo bien que funciona como entretenimiento. Utiliza elementos del noir, los exagera, los mezcla con humor negro y construye con ellos una carrera hacia delante que prácticamente no se detiene.
Eso hace también que sus 124 páginas pasen volando.

Una noche para dejarse llevar
Sebastià Cabot ya había publicado Perros y clarinetes en España y obras como Novembre fuera de nuestro país. La noche de los gatos tampoco es exactamente nueva: apareció originalmente en el mercado francófono en 2022 bajo el título Chat noir, nuit blanche y ahora Cartem Cómics la recupera en castellano en una edición de tapa dura y gran formato.
No conocía anteriormente el trabajo de Cabot, pero este primer encuentro ha resultado de lo más divertido.
Y creo que esa es precisamente la medida con la que valoraría La noche de los gatos.
No he terminado el cómic pensando que acababa de descubrir una obra memorable ni una historia que vaya a cambiar mi manera de entender el género negro. Tampoco creo que lo necesite.
Lo terminé pensando que me lo había bebido, que me había reído bastante con Riutort y Boldoni y que había disfrutado viendo hasta dónde podía complicarse una noche que comenzó con un viejo buscando a su gato.
A veces, con eso basta.
Y si además hay un policía incapaz de darse cuenta de que llevan medio cómic insultándolo, pues mejor todavía.
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