El fantasma de Gaudí: un thriller entre patrimonio, crímenes y obsesión
Seguir la trayectoria de un autor no significa haber leído todo lo que ha publicado. Con El Torres me ocurre precisamente eso. Lo conozco personalmente, tengo bastantes obras suyas firmadas y he disfrutado mucho con varios de sus trabajos, pero El fantasma de Gaudí llevaba años entre mis lecturas pendientes.
Tampoco ayudaba que el cómic estuviera fuera del mercado. Publicado originalmente por Dibbuks en 2015, ganó el premio a la mejor obra española en el Salón del Cómic de Barcelona de 2016 y llegó a estar nominado a reconocimientos internacionales como los Eisner y los Harvey. Ahora Nuevo Nueve lo recupera en una edición revisada y ampliada que llega en un momento especialmente oportuno: el centenario de la muerte de Antoni Gaudí y la reciente inauguración de la torre de Jesucristo de la Sagrada Familia.
Premios y coincidencias aparte, tocaba comprobar cómo había envejecido.
Asesinatos bajo la sombra de Gaudí
Antonia trabaja como cajera en un supermercado de Barcelona. Un día evita que un anciano sea atropellado y, desde ese momento, comienza a encontrarse con una figura que parece salida de otra época. Está convencida de que se trata del fantasma de Antoni Gaudí.
Mientras tanto, una serie de asesinatos está sacudiendo la ciudad. Los cadáveres aparecen vinculados a algunos de los edificios más emblemáticos del arquitecto y la investigación acaba cruzando el camino de Antonia con el de un inspector marcado por un caso anterior. Aquel fracaso, relacionado con el asesinato de una niña y con una justicia que no consiguió cumplir su función, sigue condicionando su forma de actuar.
El Torres utiliza esta premisa para construir un thriller policial con un componente sobrenatural que permanece flotando durante buena parte de la historia. Conviene no conocer demasiado más. Aunque el cómic tenga ya más de diez años, uno de sus atractivos sigue siendo descubrir qué hay detrás de esas apariciones y cómo encajan en la investigación.

Barcelona es bastante más que un decorado
La obra de Gaudí no aparece como una colección de postales introducidas para que el cómic resulte reconocible. Sus edificios, formas y símbolos marcan el recorrido de los personajes y condicionan el misterio.
Esto permite que la historia hable también de la explotación del patrimonio, de quienes se apropian de un legado cultural para obtener prestigio o beneficio y de la corrupción que puede crecer alrededor de las instituciones encargadas de protegerlo. El cómic cuestiona la manera en la que una sociedad convierte a sus artistas en símbolos mientras permite que otros utilicen su obra según sus propios intereses.
El pasado del inspector añade otra capa relacionada con la frustración ante la justicia. No estamos ante un investigador impoluto que observa el caso desde la distancia, sino ante alguien que ya ha cruzado ciertos límites porque siente que las normas no siempre protegen a quien deberían.
Antonia ofrece el contrapunto. Es una persona corriente que entra en la historia casi por accidente y que intenta comprender por qué esa figura aparece continuamente ante ella. Su presencia evita que todo quede reducido al procedimiento policial y sirve como puerta de entrada para el lector.

Una investigación que a veces se nota demasiado guiada
La trama está bien construida y mantiene el interés, pero la investigación no siempre me ha resultado completamente natural. Algunas reacciones, desplazamientos y conexiones entre los personajes parecen responder más a la necesidad de llevarlos hasta el siguiente punto del recorrido que a una evolución verdaderamente orgánica.
En varios momentos he notado el empujón del guion. Los personajes llegan hasta cierta información o actúan de una manera concreta porque la historia necesita avanzar, y algunas formas de expresarse tampoco han terminado de encajarme. No es algo que arruine el misterio, pero sí me ha impedido entrar por completo en él.
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El desenlace ofrece una explicación coherente para lo sucedido y, al mismo tiempo, se reserva una pequeña duda alrededor de lo sobrenatural. Funciona y evita cerrar todas las puertas, aunque en mi caso tampoco ha sido un giro capaz de cambiar la impresión que ya tenía sobre el desarrollo de la investigación.
Por eso, y aunque reconozco sus méritos, El fantasma de Gaudí no se ha convertido en mi obra favorita de El Torres. He leído otros trabajos suyos que me han resultado más redondos y cuyos personajes y conflictos me han atrapado bastante más, pero bueno, no es más que una cuestión de gustos.
Jesús Alonso Iglesias convierte la arquitectura en espectáculo
Donde resulta mucho más difícil poner reparos es en el apartado visual. El trabajo de Jesús Alonso Iglesias es una auténtica gozada y está lleno de detalles. La arquitectura de Gaudí exige representar formas, volúmenes, mosaicos y espacios que cualquier lector puede reconocer, y el dibujante consigue integrarlos en las viñetas sin que parezcan simples reproducciones turísticas.

El color también tiene mucho peso a la hora de transformar lugares asociados a la belleza y al turismo en escenarios de una historia criminal. Barcelona conserva su atractivo, pero bajo esa superficie aparece una ciudad más oscura, dominada por la obsesión, los secretos y una violencia bastante explícita.
Es posible que este despliegue visual causara todavía más impresión cuando el cómic apareció originalmente. Han pasado más de diez años y hemos visto propuestas gráficas muy ambiciosas desde entonces, pero el trabajo de Jesús Alonso Iglesias continúa siendo la principal razón para detenerse en cada página y uno de los elementos que mejor justifican el prestigio alcanzado por la obra.
¿Qué aporta la nueva edición de Nuevo Nueve?
Nuevo Nueve recupera el cómic en una edición revisada y ampliada que incorpora nuevo material y la participación de Chema de la Fuente. Entre los extras encontramos una introducción con un estilo gráfico diferente y un epílogo que conecta la historia con la culminación de la torre de Jesucristo de la Sagrada Familia.
Para quienes nos acercamos al cómic por primera vez, esta edición ofrece una oportunidad estupenda para recuperar una obra que llevaba tiempo pendiente y que no era fácil encontrar. Quienes ya tengan alguna de las ediciones anteriores tendrán que valorar cuánto les interesan esos añadidos. Son un buen complemento y actualizan su relación con la obra de Gaudí, pero también pueden provocar cierta irritación entre quienes pensaban que ya contaban con una edición completa.

Una recuperación merecida, aunque no sea mi favorita de El Torres
El fantasma de Gaudí combina asesinatos, arquitectura, crítica social y una pequeña dosis de ambigüedad sobrenatural. Tiene personalidad, plantea temas que siguen siendo vigentes y cuenta con un trabajo visual sobresaliente.
No me ha convencido por igual en todos sus apartados. La investigación me parece algo forzada y determinados movimientos y reacciones de los personajes no fluyen con toda la naturalidad que esperaba. Eso no convierte el cómic en una mala obra ni invalida los reconocimientos que recibió, pero sí explica por qué no lo situaría entre mis trabajos preferidos de El Torres.
Su regreso a las librerías está más que justificado. Quienes disfruten de los thrillers urbanos, sientan curiosidad por la obra de Gaudí o quieran recorrer una Barcelona bastante menos amable que la de las guías turísticas encontrarán aquí una lectura con muchos alicientes. Y quienes, como yo, la tuvieran pendiente desde hace años, cuentan ahora con una buena ocasión para comprobar de dónde salió todo aquel reconocimiento.
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