ARCA: la ciencia ficción donde los ricos ya han decidido quién merece salvarse
Lo más inquietante de ARCA no es imaginar un futuro en el que los ricos abandonan un planeta moribundo para salvarse en una estructura gigantesca.
Lo realmente incómodo es pensar que, llegado el momento, probablemente intentarían hacerlo exactamente así.
El nuevo cómic publicado por Nuevo Nueve, con guion de Van Jensen y dibujo de Jesse Lonergan, utiliza una premisa clásica de la ciencia ficción distópica para construir una historia que funciona muy bien como thriller social, pero que resulta todavía más interesante cuando empiezas a conectar sus ideas con el mundo actual.
Y, en mi caso, ha sido uno de esos cómics que te lees prácticamente del tirón.
Un Arca para salvar a unos pocos
La historia nos sitúa en el Arca, un enorme refugio construido tras el colapso de la Tierra. Allí conviven diferentes clases sociales perfectamente separadas.
Por un lado están los ciudadanos, los privilegiados que disfrutan de comodidades, estabilidad y poder.
Por otro, los asistentes: jóvenes que trabajan constantemente para mantener el sistema funcionando bajo la promesa de que, cuando cumplan cierta edad, ascenderán socialmente y pasarán a formar parte de esa élite.

La protagonista, Effie, está a punto de alcanzar ese supuesto ascenso mientras enseña a una nueva asistente cómo sobrevivir dentro del sistema.
Pero, evidentemente, hay algo que no encaja.
Y cuanto más avanza la historia, más evidente resulta que el Arca no es exactamente el paraíso que prometen sus dirigentes.
Una distopía que sabe cuándo callarse
Lo mejor de ARCA es que no necesita bombardear constantemente al lector con explicaciones para construir su mundo.
La obra va revelando información poco a poco, dejando que sea el propio lector quien descubra cómo funciona realmente esta sociedad y qué se esconde detrás de muchas de sus promesas.
Y funciona muy bien precisamente porque Van Jensen y Jesse Lonergan entienden algo importante: el misterio forma parte del horror.
Cada nueva revelación sobre el funcionamiento del Arca hace que la situación resulte más incómoda y opresiva, especialmente cuando empiezas a comprender hasta qué punto todo el sistema está diseñado para perpetuarse a cualquier precio.
El cómic juega constantemente con esa sensación de engaño estructural. Con la idea de que toda una generación ha sido educada para aceptar ciertas normas sin hacerse demasiadas preguntas.
Y cuanto más aprende Effie, más evidente resulta que el verdadero problema del Arca no es sobrevivir.
Es que ya está decido quién merece hacerlo.

La falsa promesa del ascensor social
Durante la lectura es fácil acordarse de obras como La fuga de Logan, Snowpiercer o ciertos relatos clásicos sobre sociedades divididas en castas.
Pero los autores de ARCA entienden perfectamente qué aspectos de esas historias siguen dando miedo hoy.
La falsa meritocracia.
La promesa constante de que “si trabajas duro, algún día llegarás arriba”.
La manipulación desde pequeños.
La eliminación del pensamiento crítico.
La necesidad de mantener entretenidas, ocupadas y agotadas a las clases bajas para que nunca cuestionen el sistema.
Hay detalles especialmente interesantes, como la prohibición de leer para los asistentes o la forma en que el Arca bombardea constantemente a sus habitantes con mensajes sobre sacrificio, trabajo colectivo y obediencia.
Todo suena peligrosamente familiar.
El verdadero terror de ARCA está fuera del cómic
Mientras leía ARCA era imposible no pensar en cómo ciertos multimillonarios actuales hablan abiertamente de colonizar otros planetas, construir refugios privados o prepararse para escenarios de colapso global.
Y con eso en mente, es fácil establecer paralelismos entre esta obra y «nuestra sociedad», porque el cómic, plantea algo bastante sencillo: quienes controlan el sistema no tienen ninguna intención de compartir sus privilegios.

Los asistentes mantienen el Arca funcionando. Los ciudadanos disfrutan de sus beneficios. Y el equilibrio solo existe mientras nadie haga demasiadas preguntas.
Incluso el cuerpo de seguridad que aparece en la historia transmite esa tensión constante entre conciencia y privilegio. Saben que algo no funciona, pero también saben que están un escalón por encima de quienes realmente sufren el sistema.
En ese sentido, ARCA habla mucho menos del futuro que del presente.
Jesse Lonergan convierte el Arca en una prisión disfrazada de salvación
Visualmente, el trabajo de Jesse Lonergan es una de las grandes fortalezas del cómic.
Su estilo tiene cierto sabor retro que recuerda al cómic europeo clásico de ciencia ficción. En algunos momentos me vino bastante a la cabeza ese tipo de diseño futurista asociado a autores como Moebius y obras como El Incal.
No porque el dibujo sea idéntico, sino por esa mezcla entre tecnología, arquitectura imposible y sensación de decadencia futurista.
Además, Lonergan aprovecha muy bien los espacios del Arca para transmitir diferencias sociales: las zonas de los ciudadanos resultan amplias y cómodas, mientras que las áreas de los asistentes transmiten agobio, rutina y desgaste.
La estructura termina sintiéndose menos como una salvación y más como una cárcel gigantesca.
Y hay una idea muy potente dentro del cómic: la misma palabra utilizada para “Arca” también puede entenderse como “ataúd”.
Después de leerlo, cuesta no pensar que esa doble interpretación era completamente intencionada.

Una edición sencilla, pero cuidada
Nuevo Nueve publica ARCA en tapa blanda, algo que parece bastante habitual dentro de su catálogo reciente.
Es verdad que, por el tipo de obra y por lo llamativo de su apartado visual, uno podría imaginarla perfectamente en tapa dura. Pero también es justo decir que la edición no transmite en ningún momento sensación de producto menor.
Ya me pasó algo parecido con Chucho Feucho: puede que el formato sea sencillo, pero el acabado acompaña bien a la lectura y mantiene esa sensación de cómic cuidado que se agradece cuando tienes el tomo entre las manos.
Lo menos convincente de la obra
Aunque la historia funciona muy bien, sí es cierto que algunas de sus ideas pueden resultar familiares para lectores acostumbrados a la ciencia ficción distópica.
Hay elementos que recuerdan inevitablemente a obras clásicas del género y ciertas dinámicas sociales pueden anticiparse antes de que el cómic revele todas sus cartas.
Aun así, ARCA consigue mantener muy bien la tensión gracias al ritmo narrativo y a la forma en que dosifica la información.
Porque más que sorprender con giros imposibles, lo que busca es construir una sensación constante de inquietud.
Y eso lo consigue bastante bien.

Conclusión: una lectura rápida, incómoda y muy actual
ARCA no es el típico cómic de ciencia ficción obsesionado con el tecnicismo o el espectáculo espacial.
Lo que realmente le interesa es hablar de desigualdad, manipulación, consumo de recursos y privilegios utilizando el imaginario de la ciencia ficción como vehículo.
Y ahí acierta bastante.
Se lee rápido, mantiene muy bien el interés y deja varias reflexiones incómodas flotando en la cabeza cuando terminas.
Especialmente una:
El problema de ARCA no es imaginar un futuro donde los ricos escapan del mundo.
El problema es que cuesta creer que no intentarían hacerlo exactamente de la manera que nos muestra en esta obra.
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