Margot, de Arianna Pissani y Xabier y Martin Etxeberria [RESEÑA]
Una fábula oscura entre las Landas, el mito y la historia.
Hay cómics que llegan a tus manos sin saber muy bien por qué. A veces es el dibujo, a veces la sinopsis o, simplemente, la intuición de que detrás de sus páginas hay algo diferente. Margot, editado por Liana Editorial, pertenece a ese tipo de obras. No conocía a sus autores, Arianna Pissani y los hermanos Xabier y Martín Etxeberria, pero su propuesta me llamó la atención desde el primer vistazo: un estilo gráfico que recuerda al storyboard de una película animada, y un tono entre lo poético y lo inquietante que te hace pensar que aquí hay algo más que una simple historia de época.
Una historia entre Francia y el País Vasco
La trama de Margot nos traslada a Las Landas de Gascuña, una región situada entre Francia y el País Vasco, en los años finales del siglo XIX y principios del XX, una época marcada por la presencia de las tropas de Napoleón III y las tensiones entre tradición y modernidad.
A través de una canción o poema antiguo de origen inglés —esa que habla sobre la suerte, la mala suerte y las urracas—, los autores nos introducen en un relato que combina historia, mito y superstición.

El cómic arranca con la muerte de la madre de las protagonistas, un suceso que marca el tono de todo lo que vendrá después: la sensación de que la tragedia y lo sobrenatural se entrelazan de forma inevitable. A partir de ahí, la historia se centra en los habitantes del lugar y en la llegada de un guardia misterioso, cuya presencia despierta rumores, miedos y viejas leyendas sobre hombres lobo y criaturas fantásticas que rondan un árbol maldito.
Más atmósfera que acción
No es una historia que busque el ritmo frenético o los giros espectaculares. Margot se lee de un tirón, pero no tanto por su acción, sino por la atmósfera que consigue crear. Hay algo hipnótico en cómo se mezclan lo real y lo legendario, la poesía y el miedo.
El dibujo de Arianna Pissani encaja a la perfección con esa sensación: líneas suaves, paleta contenida y una narrativa visual que parece pensada para moverse, como si estuviéramos viendo los fotogramas de una animación artesanal.
Quizá la historia no termine de enganchar como uno desearía —los personajes no son especialmente memorables—, pero el conjunto deja un poso curioso. Es una lectura distinta, con personalidad, que te saca de los caminos habituales del cómic europeo contemporáneo.

Una lectura que deja huella
Donde Margot brilla con fuerza es en su contexto histórico y cultural. El epílogo funciona casi como una pequeña lección de historia local, ayudando a situar al lector en ese entorno tan particular de las Landas y sus costumbres.
Esa mezcla de documentación, mito y tono rural recuerda a veces al realismo mágico o a los cuentos populares que se contaban junto al fuego.
No es un cómic para todos los gustos, pero sí uno de esos títulos que amplían horizontes. Y, seamos sinceros, de vez en cuando apetece leer algo que se sale de la fórmula habitual, que te hace descubrir autores nuevos y te invita a mirar hacia otras editoriales que apuestan por proyectos diferentes.
En resumen
Margot es una pequeña rareza que combina historia, leyenda y poesía visual. No busca el aplauso fácil ni los fuegos artificiales, pero sí consigue que uno se quede pensando en esa tierra de urracas, bosques y sombras.
Liana Editorial nos trae una obra diferente, atmosférica y muy cuidada, ideal para quienes disfrutan explorando nuevas voces dentro del cómic europeo.

Si te atraen las historias de corte rural fantástico, los relatos de época con un toque sobrenatural o simplemente te gusta descubrir propuestas fuera del circuito más comercial, dale una oportunidad.
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