MUD: La madurez, a golpe de vida

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MUD: La madurez, a golpe de vida
Siempre me ha gustado ir al cine a que me cuenten una historia. Sí, los efectos especiales pueden ahogarte la mirada, pero nunca conseguirán por sí solos el aplauso de un espectador que busca que lo atrapen durante un par de horas, o durante toda su vida, si estamos frente a una obra maestra. Y cuando un asesino se convierte en héroe en los ojos de un adolescente ávido de ídolos en los que basar su madurez, sabes que va a haber muchas posibilidades de que la historia te emocione. Porque tú también fuiste niño un día e incluso pudiste llegar a pensar que el amor era algo limpio, noble, sin dobleces… que merecía la pena luchar por ello porque era lo más puro a lo que podías aspirar. Y llega un momento en el que descubres que hay una cara oculta, que sigue siendo bello, pero que la frontera con el dolor no está tan lejana como habías pensado en un principio.
Eso es lo que nos trae Mud. Dos adolescentes que viven en casas prefabricadas junto al río Mississippi, con familias rotas o a punto de quebrarse, y que un día descubren en una isla a un hombre que se esconde del mundo porque ha matado por amor. El modelo que ansiaban para crecer, a su disposición; el héroe que inspiraría sus vidas, necesitado de unas manos amigas. Como para pensárselo. Pero su relación con él enterrará en esa isla sus últimos vestigios de niñez y les hará dar el salto sin red a la nueva etapa de sus vidas. Un hecho que los forjará como hombres sin apenas haber paladeado las mieles por el camino.
MUD: La madurez, a golpe de vida
Jeff Nichols ya había sorprendido con su anterior trabajo, Take Shelter, y esta vez logró la ovación en el Festival de Cannes de 2012 con esta historia sobre dos muchachos que maduran a la fuerza. Escrita y dirigida por este joven norteamericano, Mud relata con certeza cómo los ideales de un niño respecto al amor, al honor, a la valentía, se estrellan con el muro de la realidad. Ese niño es Ellis, interpretado por Tye Sheridan, a quien ya vimos en la gran pantalla en la inclasificable El árbol de la vida y quien el pasado fin de semana se fue de la Mostra de Venecia con el premio Marcello Mastroianni al mejor actor emergente por su papel en el filme Joe. Sheridan está acompañado en la película de Nichols por Jacob Lofland, con el que forma la pareja protagonista. Sin embargo, es Sheridan el que lleva el peso de la trama, que resuelve con una brillante actuación tanto en los momentos de inocencia del personaje como en su arrebato de explosión final cuando la historia punza el corazón. Un actor al que habrá que seguir con atención para comprobar si la cámara logra despegarse de su mirada, con la que en Mud se comió al resto de personajes.
Crítica de MUD
La réplica en la pantalla se la da Matthew McConaughey, el héroe abandonado por su novia en una isla desierta sin nada más que su camisa de la suerte y una pistola. Un personaje con el que el actor de Apostando al límite o Sahara demuestra que el cine puede dar segundas oportunidades. Y, a veces, como en este caso, la recompensa no es poca, porque McConaughey logra transmitir esa atracción que despierta todo héroe, aunque falta en su interpretación la pizca de oscuridad que rodea la aparición de Mud en la isla y las experiencias vividas que lo han hecho llegar hasta allí. Mud será el que reclame la ayuda de los dos muchachos para recuperar a la mujer de su vida, Juniper, encarnada por Reese Witherspoon y que será la que abra finalmente los ojos al joven Ellis sobre la imagen idealizada que tenía de Mud y del amor entre adultos. En el reparto también aparece Sam Shepard, en un papel que es mejor que el público descubra por sí mismo.
Crítica de MUD
Los cambios en la mentalidad de Ellis y su paso a la madurez los relata a la perfección Nichols a través de la historia principal, en la que se ve cómo el niño va descubriendo a la persona que se esconde tras el héroe, al ser humano que sufre y hace sufrir, y al que creía lleno de valores y grandes actitudes que, al final, se quedan flotando en la superficie del río que bordea esa isla en la que se refugia y que, al mismo tiempo, supone el destino que lo aguarda. Al ser la caída de su héroe la que golpea tremendamente la personalidad de Ellis, molestan las otras tramas en torno a su familia, con unos padres a punto de divorciarse, y a su primera experiencia -fallida, como no podía ser de otra manera- con el género femenino. Alargan un metraje un tanto excesivo y restan velocidad a la película, cuya fotografía es digna también de mención, sobre todo cuando Nichols obliga al espectador a navegar por unas panorámicas impresionantes del Mississippi.
En definitiva, Mud nos incita a seguir la pista tanto del jovencísimo Sheridan como de Nichols, que cada vez más muestra sus cualidades a la hora de llevar a la pantalla experiencias desgarradoras que golpean al espectador con una dosis de realidad pura y dura. Y en ocasiones, la realidad también regala finales felices. Puede que usted valore la sensibilidad que el sufrimiento de Ellis no ha conseguido borrar de su personalidad. O es posible que quiera saber si Mud logra reunirse de nuevo con su chica. Tendrá que ir al cine para averiguarlo. Pero corre el peligro de que, al igual que yo, al final sólo quiera que le cuenten una historia.

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