Crítica de «Sin Piedad»: ¿El sistema es perfecto?
El director Timur Bermamenktov regresa a la pantalla grande con una producción de aromas comerciales con la que además tiene la intención de que los espectadores hagamos una pequeña reflexión: preguntarnos acerca de los avances tecnológicos y cómo estos pueden afectar a nuestras vidas. En concreto, la cuestión gira en torno a una interesante disyuntiva. ¿Y si en un futuro no tan lejano, el sistema judicial acabara en manos de una Inteligencia Artificial?
Responsable de otras cintas de acción como Abraham Lincoln Cazador de Vampiros, Timur ahora cambia un poco de registro y quizás inspirado por otras producciones recientes como Searching y Missing, nos deleita ahora con un espectáculo narrado en tiempo real donde un agente de policía de Los Angeles, Chris ( Chris Pratt, a quien hemos visto en Guardianes de la Galaxia o Jurassic World) tiene 90 minutos para demostrar su inocencia ante Maddox ( la estupenda y maravillosa Rebeca Ferguson) un frío y calculador algoritmo que solo entiende de datos.
Sin Piedad puede parecer un sencillo entretenimiento típico para pasar un buen rato, pero nuestra sorpresa es mayúscula al ver que la propuesta va mucho más allá de un despliegue visual apabullante, con uno de los mejores montajes realizados en una película de este estilo. El dispositivo es bastante complicado, pues es muy teatral en su puesta en escena (la mayor parte de la acción es en un mismo escenario), dando la sensación de que pueden suceder pocas cosas, pero en el fondo, pasan muchas, y el ritmo de la narración no deja respiro. Una hora y cuarenta de metraje que se pasan en un suspiro, todo ello aderezado con una cuestión moral y ética de calado. Porque sin duda alguna, el debate de la película son las consecuencias que nos trae la deshumanización creciente en la que vivimos.

Sin Piedad es una sorpresa muy agradable, un thriller que coge lo bueno de Minority Report y le añade un toque CSI, aderezado con las interpretaciones sensacionales del duo protagonista, donde encontramos a un Chris Pratt que cambia de registro, de héroe cachondo a un hombre atormentado, demostrando que tiene registros y que puede dar mucho de sí en producciones “más serias”. Y qué decir de Rebeca Ferguson, que demuestra la gran actriz que es, con su simple presencia y su mirada fija a la pantalla, expresando la dualidad que se va produciendo en un aparente frío programa informático.
En definitiva, Sin Piedad es una propuesta muy interesante, con un ritmo de alto voltaje y que puede ser perfectamente disfrutable por un público amplio.
