Los espeluznantes Pérez Gil: monstruos, mala baba y muchas risas
Después de leer Beata y Calisto, abogados de Cristo, ya sabía que Ivanper podía llevar el humor por terrenos bastante gamberros. Los espeluznantes Pérez Gil me ha vuelto a sacar unas cuantas risas, esta vez con una familia de monstruos que no es exactamente una familia convencional. Aquí cada cual tiene sus manías, sus asuntos pendientes y sus momentos para acaparar la atención del lector.
El tomo que ha publicado recientemente Fandogamia recopila las tiras que Ivanper publicó en El Jueves. Son historias independientes, de una página cada una, así que puedes entrar en el cómic por cualquiera de sus ocurrencias. Por la casa «encantada» que sirve de escenario para casi todos los gags pasan los monstruos de toda la vida y, bueno, digamos que acaban metidos en situaciones de todo tipo: un minotauro que trabaja en Ikea, una chica fantasma que entra en un grupo de WhatsApp que resulta ser una sesión de ouija o zombis que se organizan para reclamar su derecho a comer cerebros tranquilos.

El dibujo sigue el estilo cartoon de Ivanper, con personajes deformes y expresivos, tanto monstruos como humanos. Aquí no hay intención de acercarse al realismo: todo va en favor del gesto exagerado, el gag y la diversión. Los colores son vivos, aunque en «las tiras / páginas» ambientadas en el pasado de la casa encontramos tonos apagados, cercanos al sepia.
La casa en la que viven los Pérez Gil tiene ojos, brazos y boca: es un personaje más. Ivanper recupera muchas veces el chiste de que está «encantada», ya sea porque algo le gusta o por cómo se encuentra. También protagoniza sus propias páginas, incluida una sección recurrente en la que Pepe Luis, «el humano normal de la casa» y youtuber ocasional, hace vídeos y listas con curiosidades sobre los protagonistas del cómic. La idea va pasando por los distintos miembros de los Pérez Gil y siempre encuentra una nueva forma de acabar en disparate.
El humor es muy bruto y no pierde ocasión de meterse en todo tipo de charcos políticamente incorrectos. Hay curas pedófilos, franquistas, referencias al terror y, por si fuera poco, la casa está construida sobre una fosa común de víctimas de la Guerra Civil y el franquismo. También juega con los tópicos alrededor de Pepe Luis, el nuevo inquilino gay, que adora a los monstruos aunque su novio no destaque precisamente por su valentía. La gracia está en retorcer esos clichés y en llevarlo todo al extremo.

Como aficionado al terror, me ha gustado especialmente ver desfilar vampiras, zombis, fantasmas, payasos asesinos y criaturas de todo tipo por un cómic que prefiere hacerte reír antes que darte miedo. No diría que es una lectura imprescindible, pero sí que tiene un nivel de ocurrencias capaz de sacarme más de una carcajada. Si te va el humor gamberro de El Jueves y te apetece ver a los monstruos haciendo vida doméstica, los Pérez Gil te pueden hacer pasar un buen rato. Eso sí, haz caso a la portada: es un cómic de mucha risa PARA MAYORES. 😉
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