Reseña del libro K-pop Idols: cómo se fabrica un género global
La editorial Malpaso nos trae un interesante estudio sobre el fenómeno mundial de la industria cultural coreana.
Y lo llamamos así con plena conciencia, porque no hablamos solo del K-pop o pop coreano. Es decir, no nos referimos únicamente a BTS o a las chicas de Nine Muses, que son el eje principal del ensayo. Desde nuestra perspectiva, es mejor abordar el asunto coreano a nivel general.
Mucho más que BTS
No perdemos de vista la parte musical, pero tampoco vamos a detenernos en todos los datos que recoge el libro, porque hay una gran cantidad de información y preferimos invitar directamente a su lectura.
Baste señalar que este fenómeno viene desarrollándose desde hace décadas, concretamente desde los años noventa, y que algunos de los jóvenes que aspiran a alcanzar la fama comienzan una dura carrera con apenas 13 años.
Y, por supuesto, no todos conseguirán alcanzar sus metas.

La expansión de la cultura coreana
Para muchos espectadores occidentales, uno de los primeros grandes contactos con la cultura coreana llegó a través del cine.
Cualquier cinéfilo conocerá los nombres de Park Chan-wook o Bong Joon-ho. Ambos directores han recorrido festivales internacionales y han dado a conocer algunas de las películas surcoreanas más importantes de las últimas décadas.
De Park Chan-wook podemos mencionar títulos como Oldboy o Stoker, un thriller protagonizado por Nicole Kidman. De Bong Joon-ho, por supuesto, tenemos Parásitos, probablemente su película más conocida.
Con esto queremos destacar la importancia de unas obras que han ido dando a conocer la idiosincrasia coreana en Occidente.
Y ahora, dentro del audiovisual, tenemos también los K-dramas. Series de televisión que pueden ser románticas, de acción o incluso thrillers y que, gracias a plataformas como Netflix, han alcanzado una enorme popularidad en nuestro territorio.
Cuando el idol se convierte en producto
Estamos ante una industria cultural que mueve miles de millones de dólares y que se ha convertido en una pata más de un capitalismo financiero transnacional.
Pero toda esa cantidad de dinero no puede ocultar la realidad que se esconde tras los escenarios.
Porque aquí no hablamos únicamente de artistas, sino de idols, que es un concepto diferente.

Los idols son mercancías. Personas transformadas en productos de marketing en los que todo está medido al milímetro.
Los aspirantes pasan por entrenamientos intensivos en canto y baile, pero también en comportamiento, educación pública, idiomas y apariencia física. Corea del Sur es, además, uno de los grandes mercados mundiales de cirugía estética.
El objetivo no es únicamente formar a buenos artistas, sino crear figuras vendibles capaces de captar audiencias internacionales.
La cara más fría del K-pop
Eso es lo que el libro refleja especialmente a través del grupo femenino Nine Muses, cuyos procesos de selección, entrenamiento y promoción permiten comprender mejor cómo funciona esta industria.
También podemos verlo en el éxito de grupos como BTS: integrantes cuidadosamente seleccionados y entrenados, con poco espacio para la naturalidad o la espontaneidad.
Todo está calculado. Todo resulta muy frío, con esa sensación heladora que transmiten las cuentas de resultados y las hojas de cálculo.
K-pop Idols: cómo se fabrica un género global se lee bien y resulta muy interesante por todo lo que cuenta.
Es un trabajo que hay que agradecer a sus autores, el cineasta, periodista y productor de televisión Hark Joon Lee y el profesor de comunicación Dal Yong Jin, por arrojar luz sobre un fenómeno que suele mostrarse únicamente desde su lado más brillante.
Un libro que debería agitar las conciencias de los consumidores de K-pop, especialmente de quienes disfrutan de esta música sin preguntarse demasiado qué hay detrás de los escenarios.
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