Notificaciones, recompensas y atención: por qué las apps compiten constantemente por nuestra mirada
Un sonido. Una vibración. Un pequeño círculo rojo sobre el icono de una aplicación.
A veces no hace falta ni desbloquear el teléfono. Basta con que aparezca una notificación para que una parte de nuestra atención abandone lo que estábamos haciendo y se pregunte qué habrá pasado.
El smartphone se ha convertido en una herramienta imprescindible para comunicarnos, jugar, informarnos, comprar o utilizar todo tipo de servicios. El problema aparece cuando muchas de esas aplicaciones intentan recuperar nuestra atención al mismo tiempo.
Porque una notificación no es solamente información. También es una llamada para que volvamos a mirar la pantalla.
Una notificación es una señal, pero no sabemos qué esconde
Desde el punto de vista más básico, una notificación sirve para avisarnos de que ha ocurrido algo: alguien ha enviado un mensaje, tenemos una llamada perdida, se acerca una cita o una aplicación quiere comunicarnos una novedad.
Sin embargo, no todas las alertas tienen el mismo valor.
El mismo sonido puede anunciar un mensaje importante, una actualización irrelevante, publicidad o una reacción en una red social. Hasta que no miramos el teléfono no sabemos exactamente qué encontraremos.
Esa incertidumbre ayuda a explicar por qué determinadas señales terminan captando nuestra atención con tanta facilidad. A través de la experiencia aprendemos que algunas notificaciones pueden conducir a información que consideramos interesante o relevante.
Eso no significa que cada aviso provoque automáticamente una famosa «descarga de dopamina». La relación entre recompensa, aprendizaje, atención y formación de hábitos es bastante más compleja de lo que suelen sugerir algunos titulares.
Ni siquiera hace falta mirar el teléfono para perder el hilo
Imagina que estás leyendo, estudiando o concentrado en una partida y el móvil vibra sobre la mesa.
Decides ignorarlo.
Problema solucionado, ¿verdad?
No necesariamente.
Diversos experimentos han observado que las notificaciones pueden afectar al rendimiento en tareas que requieren atención incluso cuando la persona no llega a interactuar con el dispositivo. La alerta puede introducir pensamientos ajenos a lo que estábamos haciendo y obligar al cerebro a recuperar después el contexto de la tarea.
Otros trabajos también han detectado respuestas más lentas ante determinados sonidos de notificación. Los propios investigadores advierten de que los mecanismos implicados son complejos y de que no todos los estudios obtienen exactamente los mismos resultados.
La conclusión sensata no es que cualquier vibración destruya nuestra concentración. Es algo bastante menos dramático: una notificación puede consumir parte de nuestra atención incluso antes de que abramos la aplicación.
El pequeño círculo rojo también quiere que vuelvas
Silenciar el móvil tampoco elimina todas las llamadas de atención.
Los llamados badges, esos círculos que indican cuántas notificaciones tenemos pendientes, permanecen visibles cada vez que abrimos el teléfono. En un experimento realizado con más de 1.000 participantes, los usuarios mostraron una mayor tendencia a seleccionar aplicaciones que mostraban estos indicadores.
No hablamos únicamente de sonidos. Las aplicaciones pueden reclamar nuestra atención mediante:
- vibraciones;
- ventanas emergentes;
- avisos en la pantalla de bloqueo;
- contadores sobre los iconos;
- recordatorios posteriores.
Una aplicación puede llevar horas cerrada y seguir diciéndonos visualmente: «tienes algo pendiente aquí».
Instalar una app también significa decidir quién puede interrumpirte
Cuando instalamos una aplicación solemos prestar atención a permisos como la cámara, las fotografías o la ubicación. Sin embargo, permitir notificaciones también supone concederle algo importante: la posibilidad de pedir nuestra atención en cualquier momento.
Esto afecta por igual a una red social, un videojuego, una tienda online, una aplicación deportiva o cualquier otro servicio instalado en el smartphone.
También ocurre con aplicaciones relacionadas con apuestas y juego online. Si un usuario adulto busca Brazino777 descargar para consultar las opciones disponibles para acceder al servicio, además de revisar la procedencia del software y las condiciones de una plataforma en la que interviene dinero real, conviene decidir desde el principio qué avisos quiere recibir.
Promociones, novedades, movimientos de cuenta o mensajes comerciales no necesitan necesariamente producir un sonido, una vibración o aparecer inmediatamente sobre cualquier otra actividad.
El principio es el mismo para todas las apps: permitir notificaciones no debería significar conceder permiso permanente para interrumpirnos.
No todas las notificaciones son el enemigo
Llegados a este punto, podría parecer que la solución consiste simplemente en desactivarlo todo.
Tampoco.
Hay avisos que evitan precisamente que tengamos que entrar constantemente en una aplicación para comprobar si ha ocurrido algo. Una cita, un movimiento bancario inesperado, un cambio importante durante un viaje o un mensaje de una persona concreta pueden justificar perfectamente una interrupción.
Las notificaciones también se utilizan como recordatorios en aplicaciones educativas y relacionadas con la salud.
Por eso la pregunta útil no es si debemos activar o desactivar todas las notificaciones. La pregunta es qué merece interrumpirnos y qué puede esperar.
Un aviso de seguridad no tiene la misma prioridad que una promoción comercial. Un mensaje personal no tiene por qué tratarse igual que una recomendación automática de contenido.
El contexto importa más de lo que parece
Tampoco cuesta lo mismo una interrupción cuando estamos esperando el autobús que cuando intentamos estudiar, trabajar, leer o realizar una actividad que exige concentración.
Un estudio publicado en 2023 encontró que, bajo determinadas condiciones experimentales, incluso la presencia del smartphone podía relacionarse con una reducción del rendimiento atencional.
Eso no significa que tengamos que desterrar el móvil a otra habitación cada vez que queramos concentrarnos. Los propios sistemas actuales permiten establecer diferentes niveles de prioridad.
Durante determinados periodos puede ser suficiente con:
- desactivar avisos promocionales;
- eliminar sonidos de aplicaciones poco importantes;
- ocultar contadores innecesarios;
- agrupar notificaciones;
- mantener activas únicamente alertas importantes;
- revisar periódicamente qué aplicaciones conservan permiso para interrumpirnos.
El objetivo no es conseguir un teléfono completamente silencioso. Es decidir conscientemente qué merece romper nuestra concentración.
Recuperar el control sobre nuestra atención
Las notificaciones ocupan muy poco espacio en una interfaz, pero tienen acceso directo a uno de nuestros recursos más limitados: la atención.
Precisamente son útiles porque pueden atravesar lo que estamos haciendo para decirnos que ha ocurrido algo nuevo. Esa misma capacidad es la que puede convertirlas en una fuente constante de interrupciones cuando demasiadas aplicaciones compiten simultáneamente por nosotros.
No hace falta declarar la guerra al smartphone ni obsesionarse con eliminar cualquier aviso.
Quizá sea más práctico considerar las notificaciones como permisos de atención.
Reservar las interrupciones inmediatas para lo verdaderamente importante y dejar el resto para cuando decidamos mirar el teléfono permite que el dispositivo vuelva a comportarse más como una herramienta que utilizamos nosotros y menos como una sucesión de señales que decide cuándo debemos prestarle atención.
