Reseña de Huck Tomos 1 y 2: el héroe más amable de Mark Millar
Mi primer contacto con Huck fue hace años y en formato digital. Me gustó bastante, pero en aquel momento todavía no estaba publicado en España y no pude comprarlo. Mark Millar es un autor al que siempre he seguido con interés, aunque algunas de sus obras más recientes me han dejado bastante frío y eso ha conseguido que me acerque a sus novedades con algo más de cautela.
Tiempo después encontré el primer volumen de Huck de segunda mano en la tienda de cómics en la que compro habitualmente. Era la edición en tapa dura publicada por Panini dentro de su línea 100% Millarworld y decidí llevármela.
Desde entonces estaba esperando el momento de releerla, pero lo que no esperaba era encontrarme, casi diez años después de la publicación original, con una continuación.
Huck: Big Bad World apareció recientemente en la tienda y terminé comprándolo sin recordar demasiado bien las dimensiones de aquel primer tomo. El resultado ha sido una pequeña alegría como lector y una molestia como coleccionista, pero de eso hablaremos más adelante.
Un superhéroe que se apunta una buena acción al día
Huck trabaja en una gasolinera situada en una tranquila localidad costera. Es un hombre sencillo (ahora lo han calificado de «autista», pero no creo que sea lo más adecuado) de carácter noble y con una forma muy directa de entender el mundo. También posee unas capacidades extraordinarias que le permiten encontrar personas y objetos, recorrer enormes distancias y realizar proezas imposibles para cualquiera de sus vecinos.
Sin embargo, Huck no utiliza sus poderes para buscar fama, dinero o reconocimiento. Cada día anota en una libreta una buena acción y procura cumplirla. Puede ser algo tan sencillo como encontrar una mascota perdida o tan importante como ayudar a alguien que se encuentra en verdadero peligro. Para él no existe demasiada diferencia entre una cosa y otra. Si puede ayudar, lo hace.
Los habitantes del pueblo conocen su secreto y lo protegen porque saben la clase de persona que tienen cerca. Esa tranquilidad termina cuando alguien revela públicamente la existencia de Huck y convierte su vida en un espectáculo. A partir de ahí, Mark Millar construye una aventura que amplía progresivamente sus dimensiones, pero sin olvidarse de la bondad que define al personaje.
Conviene señalar que Millar habló originalmente de un protagonista con dificultades de aprendizaje, mientras que la continuación lo presenta expresamente como un hombre autista. En cualquier caso, su condición no se utiliza únicamente para diferenciarlo del superhéroe habitual. Influye en su manera de relacionarse con los demás, en su necesidad de mantener ciertas rutinas y, especialmente, en esa confianza casi absoluta que deposita en las personas.
La cara menos gamberra de Mark Millar
El nombre de Mark Millar suele asociarse con obras como Kick-Ass, Wanted, Nemesis, Kingsman o El viejo Logan. Historias cargadas de violencia, provocación, personajes extremos y un punto de mala leche que le ha valido durante años la etiqueta de chico malo del cómic.
Huck se encuentra prácticamente en el extremo contrario de su bibliografía.
Aquí también hay violencia, conspiraciones, personajes despreciables y gente dispuesta a aprovecharse de los demás, pero el motor de la historia no es el cinismo. Es la confianza en que una persona verdaderamente buena puede cambiar la vida de quienes tiene cerca. Huck posee una fuerza extraordinaria, pero su cualidad más importante es negarse a utilizarla para colocarse por encima de nadie.
La idea puede parecer demasiado ingenua, especialmente en una época en la que casi todos los superhéroes deben enfrentarse a traumas, dilemas morales y versiones oscuras de sí mismos. Sin embargo, Millar consigue que esa ingenuidad resulte refrescante. Huck recuerda que hacer el bien no tiene por qué esconder siempre una motivación secreta.
Big Bad World amplía el universo de Huck
El primer volumen cuenta una historia bastante cerrada. Por eso me sorprendió descubrir que Millar y Rafael Albuquerque habían regresado al personaje tantos años después. Huck: Big Bad World parte de las consecuencias de aquella primera aventura y abre la puerta a la existencia de otras personas con capacidades especiales.
Huck, su madre y un misterioso doctor emprenden una especie de viaje por carretera para localizar a varias de esas personas. Cada encuentro permite introducir nuevos poderes y personajes, pero también plantea una pregunta cada vez más importante: si existen más individuos como Huck, ¿por qué han permanecido escondidos durante tanto tiempo?
La respuesta está relacionada con una organización que persigue a las personas con poderes porque determinados grupos económicos y políticos las consideran una amenaza. No porque todas sean peligrosas, sino porque representan algo que no pueden controlar.
Esta segunda entrega tiene más acción, cambia varias veces de escenario y se acerca a una aventura superheroica más convencional. Aun así, conserva la personalidad del original gracias a la actitud de Huck y a su forma de tratar a las personas que encuentra durante el viaje. La ampliación del mundo no era necesaria, pero está bien resuelta y justifica el regreso del personaje.
Cuando una buena persona se convierte en un recurso
Uno de los aspectos más interesantes de los dos volúmenes aparece cuando la existencia de Huck deja de ser un secreto. Mientras permanece en el anonimato puede decidir a quién ayuda y cómo utiliza sus capacidades. En cuanto el mundo descubre lo que es capaz de hacer, muchas personas dejan de verlo como un ser humano y empiezan a considerarlo un recurso del que sacar partido.
Unos quieren que resuelva sus problemas. Otros desean utilizarlo para ganar dinero, reforzar su poder o eliminar a quienes consideran una amenaza. Incluso las buenas intenciones pueden terminar convirtiéndose en exigencias cuando todo el mundo cree tener derecho al tiempo y las habilidades de otra persona.
Es una idea fácil de trasladar a la vida real. Basta con demostrar que sabes hacer algo para que aparezca alguien dispuesto a pedirte un favor, aprovechar tus conocimientos o convertir tu generosidad en una obligación. Huck no pierde su bondad por ello, pero tiene que aprender que ayudar a los demás también implica decidir en quién puede confiar.
Millar no desarrolla este discurso con demasiada sutileza. Los buenos son muy buenos y algunos villanos representan el mal y la ambición de una manera bastante evidente. Sin embargo, esa claridad encaja con el tono de una historia que nunca pretende desmontar el género, sino recuperar una visión más sencilla y optimista del superhéroe.
Rafael Albuquerque y el lado más cálido de Millarworld
Rafael Albuquerque vuelve a encargarse del dibujo y consigue que ambos volúmenes mantengan una identidad visual coherente pese al tiempo transcurrido entre ellos. Su trabajo tiene fuerza durante las escenas de acción, pero destaca especialmente en los gestos de Huck y en los momentos cotidianos.
El propio Albuquerque ha explicado que buscó una estética cercana a la América idealizada de Norman Rockwell. Eso se aprecia en los paisajes, en la pequeña comunidad que rodea al protagonista y en una narrativa más limpia y luminosa que la utilizada por el dibujante en obras como American Vampire.
El color de Dave McCaig refuerza esa sensación con una paleta cálida y alegre que cambia cuando la historia se adentra en terrenos más peligrosos. El resultado es un cómic atractivo, muy dinámico y especialmente fácil de leer. Incluso cuando Big Bad World aumenta el número de personajes y escenarios, Albuquerque mantiene una narración clara que evita que la aventura se vuelva confusa.
Dos tomos que no terminan de encajar
Las dos ediciones de Panini ofrecen tapa dura, buen papel, una reproducción del color muy correcta y unos acabados acordes con el tipo de obra. El primer volumen cuenta con 160 páginas y Huck: Big Bad World alcanza las 176.
El problema aparece al colocar ambos libros juntos. Pese a pertenecer a la misma colección y continuar directamente la historia, los tomos no tienen exactamente el mismo formato. Curiosamente, las propias fichas de Panini indican unas dimensiones de 18 x 27,5 centímetros para los dos, pero la diferencia física está ahí… al menos en la edición que yo tengo del primer tomo.
No es algo que arruine la lectura ni mucho menos, pero toca bastante las narices cuando compras una continuación y descubres que no encaja bien junto al volumen anterior. Después de tantos años entre una edición y otra, es comprensible que cambien algunos criterios editoriales, aunque mantener el formato debería ser lo mínimo en una colección formada, por ahora, por solo dos libros.

¿Merecen la pena Huck y Big Bad World?
Huck no es una obra maestra ni pretende revolucionar el cómic de superhéroes. Su historia es sencilla, su mensaje está muy claro y algunos personajes podrían haber contado con más matices. Aun así, se encuentra por encima de varios trabajos recientes de Mark Millar y ofrece algo que no abunda demasiado en su bibliografía: una aventura verdaderamente amable.
El primer volumen sigue siendo el más redondo por la presentación del personaje, el misterio que lo rodea y el contraste entre sus capacidades y su vida cotidiana. Big Bad World pierde parte de esa sorpresa al expandir el universo, pero mantiene el encanto, introduce ideas interesantes y demuestra que Huck todavía puede protagonizar más historias.
Es una lectura muy recomendable para aficionados veteranos a los superhéroes que quieran descansar de universos enrevesados y personajes permanentemente atormentados. También puede funcionar muy bien para alguien que quiera acercarse al género mediante una historia accesible, emotiva y con la duración justa.
Compré esta continuación con cautela y he terminado contento de haber regresado a este mundo. Si Mark Millar y Rafael Albuquerque decidieran publicar un tercer volumen, volvería a acompañar a Huck en su próxima buena acción. Eso sí, agradecería que Panini lograra que los tres tomos tuvieran el mismo tamaño.
Puedes comprar Huck Big Bad World (el vol. 1 está agotado), en tu tienda habitual, en la página de Panini y en Amazon.







