La Gran Estafa Americana (American Hustle): ¿Cine de autor? ¿Dónde? [Crítica]

Crítica de "La gran estafa Americana"

Cuando el director David O. Russell estrenó ‘I Heart Huckabees’ (‘Extrañas coincidencias‘ en España) allá por 2004, poco podría haber imaginado que unos cuantos años más tarde conseguiría acumular nominaciones al Oscar haciendo sendos combos históricos en la historia de esos premios por el camino. La película anteriormente mencionada fue recibida de manera un tanto irregular por la crítica para ser posteriormente vapuleada por un amplio sector del público, pero Russell hizo lo que hacen los tíos duros en las pelis: tirar la cerilla al hilo de gasolina en el suelo y caminar sin mirar atrás mientras lo que sea explota a sus espaldas (Cool guys don’t look at explosions).

Sus tres siguientes películas son lo que se viene a llamar en la jerga del mundillo ‘crowd pleasers’, algo así como ‘contentadores de masas‘ (y ole yo por mi traducción de baratillo). Películas sobre temas populares que suelen estar diseñadas, tanto creativa como técnicamente, para que la mayor parte posible del público salga orgásmica de la sala de cine, habiendo obtenido comedia con algo de drama (porque así la comedia se saborea más) y muy más que probablemente con un final feliz. Lo que en la jerga del oficio más viejo del mundo vendría a ser ‘un completo’.
Y vaya si le salió bien la jugada. Cinco nominaciones al Oscar tras tres películas consecutivas (dos a mejor guión y tres a mejor director), y con ‘El lado bueno de las cosas‘ y esta ‘Gran estafa americana‘ que tenemos entre manos, nominaciones en las siete grandes categorías (película, director, guión y una en cada categoría interpretativa), algo que muy pocas cintas han conseguido en la historia de los Oscar.
Si nos atenemos a datos de premios, David O. Russell definitivamente mola.
Directores y productores de "La Gran Estafa Americana"
De izquierda a derecha, David O. Russell, Jeremy Renner, Amy Adams y la productora del film Megan Ellison
Un director apreciado por el público (‘I Heart Huckabees‘ ya no existe en este contínuo espacio-temporal, niños y niñas), en muy alta estima de sus colegas de profesión y que saca oro de sus actores (a pesar de tener una reputación en Hollywood de vejarlos psicológicamente para conseguir las interpretaciones que quiere, técnica sólo comparable a la de Lars Von Trier, granjeándole por el camino anécdotas y rumores sobre broncas épicas y una mala ostia a la altura de su ego).
Y no me malinterpretéis, no tengo nada en contra de los ‘crowd pleasers‘, pero Russell no me la da con queso. Al pan, pan, y al vino, vino. 

Pero vayamos por partes.

Si ‘El lado bueno de las cosas‘ venía de la mano del productor Harvey Weinstein, uno de los pesos pesados en Hollywood en lo que cine de calidad se refiere, ‘La gran estafa americana‘ viene de la nueva sensación del mundillo: Megan Ellison. Hija del multimillonario Larry Ellison, fundador y presidente de la compañía de software Oracle, la pequeña Megan creció enamorada del séptimo arte, y ya con edad legal para gastar los 4 (billones) de chavos que tiene en el bolsillo, se le ocurrió la genial idea de patrocinar los proyectos de los directores que ella admiraba y que no conseguían financiación, por personales o arriesgados. Y es gracias a la señorita Ellison que películas como ‘The Master’ de Paul Thomas Anderson, ‘Zero Dark Thirty‘ de Kathryn Bigelow o ‘Spring Breakers‘ de Harmony Korine han conseguido ver la luz del día. Porque a Megan le mola el cine de autor.
¿Nunca te has preguntado como sería la versión de Paris Hilton de una dimensión alternativa donde no fuera una furcia fiestera y usara su poder e influencia para… para… para algo? Felicidades. Te presento a Megan Ellison. Vive en tu contínuo espacio-temporal (no como ‘I Heart Huckabees‘).
Amy Adams , Christian Bale y Bradley Cooper en "La Gran Estafa Americana"
El look setentero esta clavado

Pues en el 2013, la buena de Megan apoyó la visión del último niño mimado de Hollywood, y nos trajo ‘La gran estafa americana‘ (a partir de aquí la llamaremos “La Gran Estafa”), una película que mezcla cine de enredo, comedia y drama de personajes. En ella se nos cuenta la historia de Irving Rosenfeld (Christian Bale), un estafador moderadamente exitoso, y su compañera de crimen, Sydney Prosser (Amy Adams), quienes tras un golpe no demasiado fino en la década de los 70 son obligados por un agente del FBI con ansias de protagonismo y un carácter cuanto menos volátil, Richie DiMaso (Bradley Cooper), a colaborar destapando una trama de corrupción política y mafia en Nueva Jersey. Las cosas, obviamente, se complicarán a medida que los sentimientos cruzados de amor y amistad entre estafadores y estafados se mezclan, conviertiendo la situación en un polvorín que tarde o temprano está destinado a explotar.

Y mire usted, no tengo demasiado claro si lo que hace David O. Russell (co-guionista además de director) es cine de autor, pero es cierto que sus historias están siempre orientadas directamente a los personajes. Tratan más sobre ellos que sobre la situación en sí, y en ‘La gran estafa’ eso queda más patente que nunca, no me queda claro si por una decisión creativa firme o porque el periodo de gestación y rodaje de la película ha sido fulminantemente rápido y no ha dado tiempo a pulir o profundizar a nivel de guión en una historia bastante escuálida. La trama desaparece durante grandes tramos de metraje para que presenciemos el devenir en las relaciones entre los protagonistas, cómo se quieren, se dejan de querer, se odian, reconcilian y vuelven a pelearse, en una serie de situaciones que avanzan más a golpe de grito entre ellos que de exigencia narrativa. Una deriva que afecta al tono general de la película, puesto que los géneros que aborda se mezclan sin una fusión conseguida (una escena que crees que es cómica se alarga sobremesura sin un rumbo claro, perdiendo ritmo e intención, metiendo lo que haga falta para mantener esa duración). La voz en off del personaje de Christian Bale sirve de apoyo narrativo y nos guía, con un tono bastante serio y trascendental, algo que corta bastante la sensación de comedia que podrían desprender muchas de las situaciones, a través de lo que va a sucediendo, subrayando por si no queda claro cómo se van sintiendo, de nuevo, los personajes, en una acumulación de escenas que inflan un metraje que bien podría haber funcionado sin tanta escena de lucimiento y con una duración más cercana a la hora y media que a sus exageradísimos 138 minutos.

Christian Bale en "La Gran Estafa Americana"
Este hombre fue una vez nuestro querido Batman… y si dios lo quiere… volverá a estar en forma para ser Moisés…

Todo el mundo sabe que nada como una situación en la que los personajes se griten y peleen, lloren y golpeen cosas, para que un actor brille, y en muchos casos parece que todo va orientado a que eso suceda, te deslumbre y así no veas que realmente hay mucho humo alrededor tuya. Y aquí, sin un guión potente que les sirva de mapa (y me da literalmente igual que esté nominado al Oscar, o incluso que lo gane, algo que a fecha de redacción de la crítica no se sabe, puesto que ‘Mi gran boda griega‘ estuvo nominada en esta categoría y ‘Precious‘ ganó a ‘Up in the air‘ en guión adaptado de su año, precedentes que validan el que un ñordo con buen publicista y mucha pasta en la promoción consiga lo que sea) da la impresión que los actores, sí, se esfuerzan por darlo todo, pero tirando mucho de oficio, de lo que ya saben hacer muy bien, puesto que sus personajes no están definidos en absoluto. Bradley Cooper es el guapo narcisista, Jennifer Lawrence está loca y grita, Amy Adams es inteligente pero frágil y Christian Bale es raro. Ah, y Jeremy Renner, que sale por ahí y tiene realmente un papel fundamental en la trama, como intentan hacerte creer pero no consiguen mostrar en pantalla, sale sólo cuando te intentan recordar que todo este caos y vaivén es una película que se basa en un hecho real (más o menos).

En ‘La gran estafa’ no tengo claro qué me quieren contar. Sé que estuve mucho tiempo sentado, que presencié amores, cuernos, deseos, frustraciones, engaños… que todos tienen unos pelazos brutales y que todo es super setentero, pero mezclado sin mucho sentido. Que me aburrí sin lograr entender de qué iba realmente todo eso (puesto que queda claro que sobre el papel va de lo que expliqué en la sinopsis, pero que es sólo una excusa, puesto que tampoco se le presta demasiada atención, como bien representa ese final rápido y forzado) y que sin embargo ha vuelto loco a los americanos, tanto a crítica como a público.
Jennifer Lawrence en "La Gran Estafa Americana"
Jennifer Lawrence… espectacular como siempre.

Debo reconocer que me pasó con ‘The Fighter’ y con ‘El lado bueno de las cosas’. En esas dos ocasiones les vi un punto, una dirección, un camino interno, aunque me siguen pareciendo cintas normalitas y muy sobrevaloradas. Pero en este caso, señor Russell, usted me ha dado mucho ruido, pero mucho, y muy pocas nueces. No me lo trago. Los pelazos y los actores gritando no me engañan. Hay mucha gente que lo ha dicho ya, no es un chiste que me invente (como usted con su fórmula de ‘crowd pleaser‘), pero esta película sí que es una gran estafa americana. Ja. Ja. Ja.

Y señorita Ellison. Megan. Mi heroína. Un error lo tiene cualquiera. No te rayes, pero que no vuelva a pasar.

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4 respuestas

  1. A mí me gustó mucho esta película, más aún viniendo resabiado por ese truño (para mi gusto) que fue la anterior película de Russell: el lado bueno de las cosas.
    Aquí juega a ser Scorsese, y aunque le falta la maestría y mala leche del director de Taxi Driver, lo cierto es que me cuesta creer que alguien que disfrute con Scorsese no vea rayos de luz y genialidad en La Gran estafa americana. No es una obra maestra (ni podemos pretender que se estrene una cada puto fin de semana, que es lo que algunos parece que quieren), pero me lo pasé en grande y me descojoné con varias cosas. A esto hay que sumarle que soy un fanático de la estética setentera, lo cual puede que haya ayudado a que me guste más la película.

  2. Gracias a todos por comentar… intentare que Javi se pase a responderos… pero le cuesta jaja

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