Gastroinforme de mi trastorno alimenticio, de Kabi Nagata [RESEÑA]
Gastroinforme de mi trastorno alimenticio es una obra que encaja perfectamente en ese tipo de lecturas a las que uno se acerca más por curiosidad que por comodidad. No es un manga pensado para evadirse ni para entretener en el sentido tradicional del término, pero sí para asomarse a una realidad que suele permanecer oculta.
Su autora, Kabi Nagata, tiene ya un recorrido importante dentro del manga autobiográfico y de ensayo, explorando en distintas obras sus problemas personales, emocionales y de salud. En España, gran parte de este material nos llega gracias a Fandogamia Editorial, que ha apostado con coherencia por publicar su bibliografía.
En este volumen en concreto, Nagata se centra en su trastorno alimenticio, un problema que se entremezcla con la bulimia y que condiciona por completo su relación con la comida. A lo largo de sus páginas, la autora repasa sin tapujos cómo era capaz de ingerir cantidades ingentes de comida, cómo planificaba sus hábitos para minimizar el impacto económico o familiar, e incluso cómo adaptaba recetas y elecciones culinarias a su propia dinámica destructiva.

Todo esto se muestra con un tono sorprendentemente ligero, apoyado en el humor y en una narrativa directa que evita caer en lo escabroso o en el morbo. No hay voluntad de shock gratuito, sino de explicar cómo funciona una mente atrapada en este tipo de desequilibrios, algo que, para muchos lectores, resulta completamente ajeno.
El resultado es una lectura incómoda por momentos, pero también didáctica e incluso curiosamente divertida, especialmente cuando Nagata describe sus preferencias por comidas “blandurrias”, hinchadas o fáciles de vomitar. Algunos capítulos de este «Gastroinforme de mi trastorno alimenticio » rozan lo que podría parecer una especie de “guía gastronómica” para personas con este tipo de problemas, algo que genera una sensación ambigua: resulta curioso e interesante, pero también invita a preguntarse hasta qué punto puede ser una lectura adecuada para lectores que atraviesen situaciones similares.
Y ahí está uno de los grandes interrogantes del libro. Como lector ajeno a estas dinámicas, me resulta imposible saber si esta obra puede ser de ayuda real para personas que padecen trastornos alimenticios o si, por el contrario, puede resultar contraproducente. Quizá funcione como ocurre en otros ámbitos: mostrar el proceso, poner palabras y dibujos a lo invisible, ayuda a comprender, aceptar o incluso iniciar un cambio. O quizá no.

Lo que sí queda claro es que Gastroinforme de mi trastorno alimenticio no es una obra para todo el mundo. No la recomendaría a quien busque evasión, épica o simple entretenimiento. Sin embargo, como documento personal, como testimonio honesto y como ventana a una realidad compleja, resulta una lectura valiosa.
En mi caso, ha despertado un interés claro por seguir leyendo otras obras de Kabi Nagata, no tanto por afinidad temática, sino por comprender mejor sus dinámicas vitales y los distintos momentos de su vida. Y eso, al final, dice bastante a favor del cómic.

