Mobilis, mi vida con el Capitán Nemo: cuando el Nautilus navega después del fin del mundo
El Capitán Nemo es uno de esos personajes que el cómic ha reinterpretado muchas veces. En De Fan a Fan ya he hablado de él en obras como Nemo: Corazón de hielo de Alan Moore o El misterio del Capitán Nemo de Kenny Ruiz y Gabella, cada una con su propio enfoque.
Mientras que Moore llevaba el personaje hacia territorios más cercanos al horror cósmico de Lovecraft y Kenny Ruiz apostaba por una aventura más clásica, cercana al espíritu de Julio Verne, Mobilis, mi vida con el Capitán Nemo (Juni Ba, autor de obras como Djeliya y Monkey Meat) propone algo distinto: una historia sobre legado, culpa y esperanza después del colapso de la humanidad.
Y aunque a simple vista pueda parecer una obra juvenil, lo cierto es que tiene bastante más miga de la que aparenta.
Un mundo que ya se ha acabado
La historia comienza de forma deliberadamente ambigua. No sabemos exactamente qué ha ocurrido ni en qué momento nos encontramos. Solo vemos al Capitán Nemo en el Nautilus, navegando en soledad por un mundo que claramente ya no es el mismo.
En una de sus expediciones encuentra una cápsula de rescate en la que sobrevive una niña llamada Arona. A partir de ese momento, Nemo decide acogerla como alumna y posible heredera de su conocimiento.
Poco a poco vamos descubriendo que el mundo tal y como lo conocíamos ha desaparecido. No se explican todos los detalles, pero queda claro que la humanidad ha sufrido algún tipo de colapso global, probablemente provocado por ella misma.
El océano se ha convertido en el último refugio.

La relación entre Nemo y Arona
El corazón de la obra no está en la aventura submarina, sino en la relación entre estos dos personajes.
Nemo es un hombre marcado por la culpa. Tras el desastre que acabó con el mundo, el Nautilus sobrevivió durante un tiempo con su tripulación, pero uno a uno fueron desapareciendo. Algunos murieron en expediciones, otros simplemente no pudieron soportar la situación.
Muchos querían volver a la superficie para comprobar si quedaba alguien con vida.
Nemo, fiel a su carácter obstinado, se negó.
Esa decisión terminó pesando sobre él como una losa, y cuando empieza la historia ya es un hombre completamente solo.
Arona, en cambio, representa todo lo contrario: curiosidad, impulso y la necesidad de reconstruir algo nuevo. Poco a poco va derribando la distancia emocional que Nemo mantiene con el mundo.
Es, en cierto modo, la persona que le obliga a volver a mirar hacia el futuro.

Un estilo visual muy particular
Uno de los puntos fuertes de Mobilis es su apartado gráfico.
El trabajo de Juni Ba con el diseño de personajes es muy expresivo y tiene un aire casi caricaturesco que encaja muy bien con el tono del relato. Los trajes de exploración, los submarinos y las criaturas marinas que aparecen en la historia tienen un diseño muy llamativo y refuerzan la sensación de estar ante un mundo transformado.
Hay momentos en los que la exploración submarina recuerda a las grandes aventuras clásicas de ciencia ficción, pero siempre con un toque melancólico que encaja con el estado emocional del propio Nemo.
Una historia sobre seguir adelante
Más allá de la aventura, Mobilis, mi vida con el Capitán Nemo termina siendo una historia sobre la culpa y la capacidad de superarla.
Nemo no se siente responsable directo de lo que ocurrió en el mundo, pero sí de no haber estado a la altura para su tripulación cuando más lo necesitaban.
Arona, en cambio, representa la posibilidad de romper con ese peso del pasado.
La obra transmite una idea bastante clara: el mundo puede haber cambiado para siempre, pero eso no significa que no se pueda seguir adelante.
Incluso después del fin de la humanidad tal y como la conocemos, siempre puede quedar espacio para empezar de nuevo.

