Brainrot, de Fernando Llor y Carles Dalmau [RESEÑA]
A veces un cómic no llega a tus manos por una recomendación, ni por seguir a sus autores, ni siquiera por una sinopsis bien escrita. A veces llega porque algo en lo visual te descoloca lo suficiente como para querer saber más. Eso fue exactamente lo que me pasó con Brainrot.
Lo vi en un reel de Instagram de Planeta Cómic, donde mostraban una edición tipo pack de coleccionista con póster y extras. Yo no compré ese pack: me hice solo con el cómic, pero el formato, el color y el tamaño ya dejaban claro que aquí había mimo y personalidad. Y, por suerte, el contenido está a la altura.
Autores que ya venían avisando
El guion de Brainrot corre a cargo de Fernando Llor, un autor al que ya había leído anteriormente en obras muy distintas entre sí. Por un lado, Subnormal, donde se aborda el bullying sufrido por Iñaki Zubizarreta con un tono duro y directo. Por otro, Humor Artificial, una sátira sobre robots e inteligencia artificial que ya reseñé en el blog.
En el apartado gráfico encontramos a Carles Dalmau, que además vuelve a coincidir con Llor en otro trabajo conjunto, SOMA. Y aquí firma un apartado visual que es, sin rodeos, uno de los grandes atractivos del cómic.

Una pareja improbable
Los protagonistas de Brainrot son Vega, una zombi autoconsciente, estable y bastante más centrada de lo que cabría esperar, y su compañero inseparable: una zarigüeya con aspiraciones de criptogurú, obsesionado con las criptomonedas, la inversión milagro y todo el imaginario youtuber asociado a ese mundo.
Ambos trabajan como investigadores privados, aunque los casos que les tocan rara vez son convencionales. En esta ocasión, reciben el encargo de investigar lo que ocurre en un hotel donde empiezan a suceder cosas… extrañas. Muy extrañas. Y hasta ahí conviene llegar.
Un universo visual coherente en su locura
Visualmente, Brainrot es una fiesta. Los personajes son extraordinariamente variados, con diseños exagerados y memorables. Me recordaban en cierta forma a lo que vemos en El increíble mundo de Gumball pero conviene matizar: no hay mezcla de materiales ni técnicas como ocurre en dicha serie de tv. Aquí todo está dibujado dentro de un mismo lenguaje gráfico, aunque ese lenguaje sea deliberadamente caótico.
El resultado es un mundo que parece absurdo, pero que es muy coherente consigo mismo. Destaca, por ejemplo, la dueña del hotel, un personaje literalmente hecho de globos, y una galería de secundarios que parecen competir por ver quién se queda más grabado en tu memoria.
Las referencias están por todas partes: cultura pop, videojuegos, cine… con algún guiño muy reconocible a Resident Evil y cameos hasta de Pepa Pig (XD). Todo suma sin distraer.

Ritmo, humor y mala leche bien entendida
Narrativamente, Brainrot avanza con ritmo endiablado. No se recrea en explicaciones innecesarias y confía en que el lector entre al juego desde el minuto uno. El humor es constante, pero no superficial: hay una lectura bastante ácida del presente, especialmente en todo lo relacionado con el éxito rápido, el postureo digital y la fantasía de hacerse rico sin hacer demasiado.
Es un cómic muy divertido, pero también muy consciente de lo que está contando y de cómo lo cuenta.
¿Planeta Manga?
El cómic aparece dentro de la línea Planeta Manga, algo que puede sorprender a más de uno. Brainrot es a todo color, con una estética claramente occidental y alejada del manga tradicional. Pero quizá esa etiqueta diga más de la apertura y variedad de la línea que del estilo concreto de la obra.
En cualquier caso, Brainrot va totalmente a lo suyo.
Conclusión
Brainrot es uno de esos cómics que se disfrutan desde muchos frentes: por su apartado visual, por su humor deslenguado, por su ritmo y por una pareja protagonista que funciona sorprendentemente bien.
Una lectura fresca, descarada y muy consciente de su propio caos. De las que se agradecen cuando apetece algo distinto… y bien hecho.

