Derric, el primer humano: fantasía juvenil con ritmo de serie animada
Me hice con Derric, el primer humano porque, dentro de las novedades de Fandogamia de junio, era uno de los títulos que más me llamaban la atención. La fantasía, las aventuras, los elfos, los duendes, los orcos y todo ese imaginario de criaturas imposibles siempre me ha tirado bastante, y las primeras imágenes promocionales tenían algo muy evidente: entraban por los ojos.
También estaba la curiosidad por Miguel Díaz Rivas, autor completo de la obra, un dibujante con experiencia internacional y con trabajos que, según la propia ficha editorial, han llegado en varias ocasiones a las listas de bestsellers del New York Times. Vista la obra terminada, la verdad es que se entiende rápido por qué su trabajo llama tanto la atención.
Derric, el primer humano es un cómic, sí, pero podría funcionar perfectamente como una serie de animación juvenil. Tiene color, movimiento, expresividad, personajes muy reconocibles y esa energía de aventura que parece pedir voces, música y capítulos de veinte minutos.
Un mundo fantástico que ya no quiere saber nada de los humanos
La historia nos sitúa en un mundo de fantasía que se fue al garete por culpa de los humanos. Tras ese desastre, elfos, orcos, goblins, enanos, humanoides gatunos y otras criaturas viven en una ciudad donde, más o menos, han conseguido mantener cierta armonía.
En ese escenario encontramos a Derric, un niño humano que se quedó huérfano y al que el rey de la ciudad decidió acoger. No es un gesto cualquiera: después de todo lo ocurrido, aceptar a un humano supone abrir una puerta que muchos preferirían mantener cerrada.

Derric se convierte así en el primer humano de Tayurne, una especie de prueba viviente de que quizá su especie merece otra oportunidad. El problema es que Derric no es precisamente un ejemplo de prudencia. Tiene ganas de destacar, de demostrar que vale y, sobre todo, de dar más ruido del que debería.
Y claro, en una ciudad llena de magia, secretos y amenazas antiguas, hacer el trasto puede tener consecuencias bastante serias.
Una aventura juvenil que no intenta aparentar otra cosa
Lo primero que conviene tener claro es que Derric, el primer humano no está pensado principalmente para lectores adultos de 44 años como yo. Su público natural está más cerca de lectores juveniles, quizá entre los 8 y los 16 años, aunque puede funcionar también con chavales algo mayores que disfruten de la fantasía ligera, la acción y el humor visual.
Y esto no lo digo como una crítica. Al contrario. Uno de los aciertos del cómic es que sabe muy bien a quién se dirige. No intenta venderse como fantasía adulta, ni como una obra oscura, ni como una historia cargada de lecturas profundas. Su terreno es otro: aventura rápida, personajes con habilidades especiales, conflictos claros y un mundo visualmente muy atractivo.
De hecho, mi hijo vio el cómic y se le pusieron los ojos con chiribitas, deseando hincarle el diente. Y creo que esa reacción explica mejor el tipo de obra que es que cualquier análisis demasiado sesudo. Y es que, seamos sinceros, hay productos que se entienden mejor cuando ves al lector adecuado delante de ellos.

Derric y un grupo que también tiene algo que demostrar
Aunque Derric da título al cómic, la historia funciona como una aventura de grupo. Él es el humano impulsivo que tiene que aprender que no puede ir por la vida provocando desastres y esperando que todo salga bien, pero no es el único personaje con algo pendiente.
Está su amigo Killian, un chico gato (bakeneko, que es como llaman a «esta especie») hijo de la jefa de la guardia real, que no destaca precisamente por sus habilidades de combate y vive con la sensación de no estar a la altura de lo que se espera de él. Por otro lado, tenemos a Alessatra, la hija del rey, marcada por la sombra de su padre y por la necesidad de demostrar que puede ser algo más que “la hija de”. Y está también Necra, una joven orco a la que su familia no termina de valorar como debería.
Todos arrastran inseguridades bastante reconocibles: miedo a fallar, necesidad de aprobación, sensación de no encajar, ganas de demostrar que valen más de lo que otros creen.
El cómic no profundiza demasiado en esos conflictos, pero los coloca donde deben estar. Son sencillos, directos y útiles para que la aventura tenga algo más que persecuciones, golpes y magia. Al final, cada personaje tiene que salir un poco de su zona de confort y enseñar de qué pasta está hecho.
El gran punto fuerte está en el dibujo
Donde Derric, el primer humano despega de verdad es en el apartado visual. Miguel Díaz Rivas construye un mundo colorido, lleno de criaturas diferentes y con diseños de personajes muy claros. Cada uno se reconoce al instante, y eso en una obra juvenil de fantasía es fundamental.
El cómic respira movimiento. Las expresiones son muy marcadas, las escenas de acción tienen mucha energía y los personajes se mueven con una naturalidad muy cercana a la animación. No es solo que el dibujo sea bonito; es que cada página tiene ritmo.

Especialmente llamativos son los momentos en los que entran en juego habilidades como la hipervelocidad o la hiperfuerza del rey y su hija. Ahí el cómic se luce con desplazamientos, impactos y secuencias que transmiten velocidad sin que la lectura se vuelva confusa.
Las páginas promocionales ya dejaban ver un estilo atractivo, pero no hacen justicia del todo al resultado completo. Leyéndolo se aprecia mejor el movimiento, la variedad de criaturas, la composición de las escenas y esa sensación constante de aventura animada.
Es muy fácil imaginar Derric convertido en una serie de dibujos animados. No porque al cómic le falte algo, sino porque su lenguaje visual ya parece moverse incluso cuando está quieto.
Un villano de mente colmena y una amenaza muy visual
El conflicto principal llega cuando Derric acaba liberando un mal que pone patas arriba la ciudad. La amenaza toma forma a través de un villano con aire de brujo, capaz de instaurar una especie de mente colmena entre los habitantes de Tayurne y que le permite controlarlos a todos.
La idea funciona bien para el tipo de historia que se está contando. No estamos ante un villano especialmente complejo, pero sí ante una amenaza clara, vistosa y fácil de entender.
El cómic prefiere avanzar, moverse y encadenar situaciones antes que pararse a explicarlo todo. Y creo que hace bien. Su mejor versión aparece cuando abraza la acción, el humor y el caos controlado justo a su variedad de personajes y la originalidad de los mismo.
Lo que no funciona tan bien
La principal limitación de Derric, el primer humano está en su propia naturaleza juvenil. Si uno llega buscando una fantasía con muchas capas, giros inesperados o una lectura especialmente profunda sobre la culpa de los humanos y la convivencia entre especies, seguramente se quedará con ganas de más.
La obra toca ideas interesantes, como el peso de los errores heredados, los prejuicios contra los humanos o la necesidad de demostrar que no somos lo que otros esperan de nosotros, pero no se detiene demasiado en ellas. Las usa como base para la aventura, no como centro de una reflexión más compleja.

También puede chirriar un poco, leído con ojos adultos, que la gamberrada de Derric termine teniendo una lectura más heroica de lo esperable. Hay una tensión curiosa entre “tienes que responsabilizarte de tus actos” y “al final tus meteduras de pata ayudan a salvar el día”. Dentro del tono del cómic funciona, pero quizá ahí habría margen para apretar un poco más.
Aun así, sería injusto pedirle a la obra algo que no está intentando ser. Derric, el primer humano no juega a ser una fantasía adulta. Juega a ser una aventura juvenil dinámica, divertida y muy visual. Y en ese terreno cumple de sobra.
Conclusión: una de las aventuras juveniles más disfrutables que he leído últimamente
Derric, el primer humano no reinventa la fantasía juvenil, pero sí la entrega con una energía visual tremenda. Es un cómic rápido, colorido, simpático y muy bien empaquetado, de esos que pueden enganchar fácilmente a lectores jóvenes que disfruten con grupos de personajes, habilidades especiales, criaturas fantásticas y aventuras con sabor a serie animada.
Como lector adulto, no me ha sorprendido por su historia. Como recomendación juvenil, en cambio, me parece muy fácil de defender. Como ya he dicho varias veces, tiene ritmo, tiene encanto, tiene un mundo atractivo y, sobre todo, tiene un apartado gráfico que está muy por encima de lo simplemente correcto.
Además, la edición de Fandogamia acompaña muy bien: buen formato, buen tacto y una presentación que refuerza la sensación de estar ante un producto cuidado.
Si tienes cerca a un lector joven al que le gusten la fantasía, el humor, los personajes con poderes y las aventuras con mucho movimiento, Derric, el primer humano es una apuesta bastante segura. Y si eres adulto y entras sabiendo que esto no va de ponerse intenso, también puedes disfrutarlo como lo que es: una aventura ligera, vistosa y muy bien dibujada.
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