Niños cabroncetes: 15 películas de terror en las que los pequeños son la amenaza
El pasado mes de julio, Historia de nuestro cine recuperó ¿Quién puede matar a un niño? con motivo del 50.º aniversario de su estreno. Que una película española de 1976 consiga volver a generar conversación medio siglo después tiene bastante mérito. Que siga resultando incómoda para quienes se acercan a ella por primera vez dice todavía más.
La película de Chicho Ibáñez Serrador plantea una situación aparentemente sencilla: una pareja llega a una isla habitada únicamente por niños y descubre que los adultos han desaparecido por una razón bastante desagradable. El problema no consiste únicamente en sobrevivir. Para hacerlo, tendrían que superar una barrera que llevamos grabada casi desde que nacemos: un adulto no puede hacer daño a un niño.
Ese conflicto volverá a los cines el 4 de septiembre de 2026 con Dulce sabor a muerte, título español de Ice Cream Man. La nueva película de Eli Roth presenta a un misterioso heladero cuyos productos convierten a los pequeños de un tranquilo pueblo en asesinos. El director de Hostel, Cabin Fever, The Green Inferno o Thanksgiving ha comparado la idea con Los pájaros, pero cambiando a las aves de Hitchcock por una multitud de niños armados y pasados de azúcar.
Conviene aclarar también una confusión bastante comprensible: esta Ice Cream Man no adapta el cómic homónimo de W. Maxwell Prince y Martín Morazzo. Tampoco se ha anunciado como un remake oficial de la película de 1995 protagonizada por Clint Howard. Es una idea original que Roth llevaba más de veinte años intentando sacar adelante. La adaptación del cómic es otro proyecto diferente.

El estreno ofrece una excusa estupenda para repasar un subgénero que ha dado películas muy distintas. Algunas recurren a posesiones, infecciones o poderes sobrenaturales. Otras no ofrecen ninguna coartada: sus pequeños protagonistas saben perfectamente lo que están haciendo.
La selección tampoco pretende ser un ranking definitivo. Reúne clásicos, películas que muchos tenemos bastante presentes y varios títulos menos conocidos que han ido apareciendo al investigar el tema. Porque quince películas de niñas y niños cabroncetes dan para mucho más que una excursión a una isla o una visita al camión de los helados.
1. Mala semilla – The Bad Seed (1956)
Antes de que Damien llegase al mundo y mucho antes de que Stephen King llenara un pueblo de niños fanáticos, Rhoda Penmark ya desmontaba la imagen de la infancia como territorio de inocencia absoluta.
En Mala semilla, dirigida por Mervyn LeRoy a partir de la obra teatral de Maxwell Anderson (basada a su vez en la novela de William March), una madre comienza a sospechar que la muerte de un compañero de clase de su hija quizá no haya sido un accidente.
Rhoda no está poseída, infectada ni controlada por ninguna fuerza exterior. Es educada, inteligente, manipuladora y plenamente consciente de lo que hace. La película se pregunta si alguien puede nacer sin empatía y lleva ese miedo al interior de una familia aparentemente perfecta.
Vista hoy puede resultar teatral y contenida en comparación con ejemplos posteriores, pero muchas de las niñas siniestras que llegarían al cine durante las décadas siguientes tienen algo de ella.
2. El pueblo de los malditos (1960)
Los habitantes de Midwich pierden el conocimiento al mismo tiempo. Meses después, varias mujeres del pueblo dan a luz a unos niños que crecen demasiado rápido, comparten rasgos físicos y parecen actuar como una única mente.
Wolf Rilla adaptó Los cuclillos de Midwich, de John Wyndham, y convirtió a aquellos pequeños de cabello rubio y mirada fija en una de las imágenes más reconocibles de la ciencia ficción británica.
Aquí el miedo nace de lo colectivo. Los niños no intentan integrarse ni buscan el cariño de sus padres: observan a los adultos como una especie inferior y utilizan sus poderes para eliminar cualquier obstáculo. La relación entre progenitores e hijos queda sustituida por una guerra entre especies.
John Carpenter dirigió un remake en 1995 con Christopher Reeve y Kirstie Alley. Tiene elementos interesantes y un reparto llamativo, pero la frialdad de la película original sigue encajando mucho mejor con sus jóvenes protagonistas.
3. ¿Quién puede matar a un niño? (1976)
Tom y Evelyn viajan a una pequeña isla buscando tranquilidad. Al llegar encuentran calles vacías, comercios abandonados y niños que juegan sin supervisión. Los adultos que vivían allí han desaparecido.
Chicho Ibáñez Serrador adaptó la novela El juego de los niños, de Juan José Plans, y trasladó buena parte del terror a espacios abiertos y bañados por el sol. No hacen falta pasillos oscuros ni casas encantadas: basta una plaza silenciosa, una pandilla que observa y la certeza de que nadie acudirá a ayudar.
La gran pregunta aparece en el propio título. Los protagonistas saben que corren peligro, pero defenderse significa disparar, golpear o atacar a quienes han aprendido a proteger. Los niños conocen esa ventaja y la aprovechan.
La película también contiene imágenes difíciles de olvidar, desde la piñata humana hasta el anciano atacado por una niña. Su arranque, compuesto por fotografías reales de guerras, hambrunas y atrocidades, relaciona la rebelión infantil con la violencia que los adultos han ejercido históricamente sobre ellos.
En 2012, Makinov dirigió Come Out and Play, un remake mexicano bastante fiel que trasladaba la acción a otra isla. Puede resultar efectivo para quien no conozca el original, pero pierde parte de la identidad y de la fuerza de la película de Chicho. Eso si, tiene a Ebon Moss-Bachrach (The Bear / Los 4 Fantásticos) como protagonista y eso es un punto a favor.
4. La profecía (1976)
Robert Thorn adopta en secreto a un bebé después de que su esposa pierda al hijo que esperaba. Años más tarde, una serie de muertes y sucesos inexplicables comienza a rodear al pequeño Damien.
Richard Donner convirtió al Anticristo en un niño de aspecto completamente normal. Damien no necesita perseguir a nadie con un cuchillo ni pronunciar largos discursos. Su mera presencia parece alterar el mundo y provocar que otras personas actúen por él.
La película pertenece a una vertiente distinta del subgénero. La amenaza infantil procede aquí de una profecía religiosa, pero el conflicto familiar continúa siendo esencial. Thorn debe aceptar que el niño al que ha criado puede representar el fin de todo y decidir hasta dónde está dispuesto a llegar para detenerlo.
La saga continuó mostrando el crecimiento de Damien y tuvo un remake en 2006. Ninguna de esas entregas consiguió igualar la elegancia, la atmósfera ni la capacidad de sugestión de la original.
5. Cromosoma 3 – The Brood (1979)
David Cronenberg nunca ha necesitado seguir los caminos más evidentes. En Cromosoma 3, un psicoterapeuta utiliza una técnica experimental que permite a sus pacientes exteriorizar físicamente sus traumas. El tratamiento aplicado a una mujer llamada Nola provoca consecuencias especialmente monstruosas.
Las criaturas infantiles que aparecen en la película nacen de su ira y atacan a quienes ella considera responsables de su sufrimiento. Son pequeñas, deformes y prácticamente mudas, pero obedecen a una violencia adulta que ha encontrado una forma de reproducirse.
Más que una película sobre niños asesinos, Cromosoma 3 habla de familias rotas, resentimiento, divorcio y heridas que pasan de una generación a otra. Cronenberg mezcla esos temas con su gusto por las mutaciones corporales y termina ofreciendo algunas imágenes bastante difíciles de sacar de la cabeza.
No es la opción más directa para quien busque una pandilla de críos persiguiendo adultos, aunque amplía el listado hacia un terreno mucho más turbio.
6. Cumpleaños mortal – Bloody Birthday (1981)
Tres niños nacen en el mismo hospital durante un eclipse. Diez años después comienzan a asesinar a familiares, vecinos y cualquiera que se cruce en sus planes.
Cumpleaños mortal pertenece a la época dorada del slasher y no se complica demasiado buscando grandes explicaciones psicológicas. Sus protagonistas disfrutan matando, colaboran entre ellos y aprovechan que ningún adulto sospecharía inicialmente de unos niños.
La película juega con esa impunidad y con el contraste entre sus caras angelicales y la facilidad con la que emplean pistolas, cuerdas, flechas o coches. También incluye una astróloga que intenta explicar su comportamiento mediante la posición de los planetas en el momento de su nacimiento, porque los años ochenta eran así de generosos.
No tiene la profundidad de ¿Quién puede matar a un niño? ni la importancia histórica de Mala semilla, pero representa muy bien la versión más juguetona y gamberra del pequeño psicópata cinematográfico.
7. Los chicos del maíz (1984)
Una pareja atraviesa Nebraska y termina atrapada en Gatlin, un pueblo en el que los niños han asesinado a todos los adultos siguiendo las órdenes de una entidad conocida como “El que camina detrás de la cosecha”.
La película de Fritz Kiersch adaptó un relato de Stephen King y dejó varios elementos para el recuerdo: los enormes maizales, la carretera desierta y el fanatismo de Isaac y Malachai. También dio origen a una saga interminable de secuelas, precuelas, reinicios y nuevas adaptaciones con resultados bastante irregulares.
Frente a otros ejemplos del listado, estos niños han creado su propia sociedad. Tienen normas, rituales, castigos y una religión que convierte el asesinato de adultos en una obligación. El miedo no procede de un único pequeño especialmente perverso, sino de una comunidad entera en la que nadie cuestiona al líder.
La primera entrega sigue siendo la referencia, aunque la franquicia haya regresado tantas veces que resulte difícil llevar la cuenta de todos los habitantes que han terminado abonando los campos de maíz.
8. El buen hijo (1993)
Después de perder a su madre, Mark se marcha a vivir temporalmente con sus tíos y su primo Henry. Al principio, ambos parecen congeniar. Pronto descubre que detrás del encanto de Henry hay una crueldad que los adultos de la familia no consiguen ver.
La elección de Macaulay Culkin fue uno de los grandes aciertos de El buen hijo. Tras el enorme éxito de Solo en casa, el público lo asociaba con un niño travieso, adorable y capaz de derrotar a dos ladrones mediante trampas sorprendentemente brutales. Aquí, esas mismas cualidades adquieren un sentido mucho menos simpático.
Frente a él estaba Elijah Wood, otro de los rostros infantiles más reconocibles de los noventa. El enfrentamiento entre ambos funciona porque Henry sabe utilizar la confianza de los adultos y convertir a Mark en el niño problemático a ojos de todos.
No hay demonios ni maldiciones. Henry comprende el daño que causa, experimenta con él y parece disfrutar comprobando hasta dónde puede llegar sin que nadie crea a su primo.
9. The Children (2008)
Dos familias pasan las vacaciones de Navidad en una casa de campo. Los niños empiezan a enfermar, se comportan de forma extraña y, poco después, la reunión familiar se convierte en una lucha por sobrevivir.
Tom Shankland construye la película sin demasiadas explicaciones y concentra la acción en un espacio reducido. Los adultos tardan en reaccionar porque interpretan las primeras señales como rabietas, accidentes o comportamientos propios de niños cansados.
Cuando comprenden lo que sucede ya están atrapados en el mismo dilema que planteaba Chicho: responder con violencia parece impensable incluso cuando los pequeños han dejado muy claras sus intenciones.
The Children no revolucionó el terror británico, pero es una de las películas que mejor encaja con este especial y una parada especialmente recomendable antes del estreno de Dulce sabor a muerte. Ambas convierten a un grupo de niños aparentemente normales en una amenaza colectiva y obligan a sus padres a tomar decisiones que nadie querría afrontar.
10. Expediente 39 – Case 39 (2009)
Emily Jenkins es una trabajadora social que recibe el caso de Lilith Sullivan, una niña cuyos padres parecen estar intentando matarla. Emily consigue salvarla y termina acogiéndola en su propia casa. A partir de ese momento, varias personas relacionadas con el caso comienzan a sufrir experiencias aterradoras.
Expediente 39 presenta inicialmente a Lilith como la víctima perfecta: pequeña, asustada y atrapada en una familia peligrosa. Renée Zellweger interpreta a una mujer acostumbrada a proteger menores, por lo que sospechar de ella contradice tanto su instinto profesional como el del espectador.
La película va descubriendo gradualmente qué se esconde tras la niña y juega con la imposibilidad de demostrarlo ante los demás. Lilith no necesita ensuciarse las manos. Conoce los miedos de cada persona y sabe utilizarlos para que sean ellos mismos quienes se destruyan.
Quizá no sea una película especialmente sutil, pero tiene escenas muy potentes —la de las avispas continúa dando bastante repelús— y una pequeña antagonista capaz de ganarse un puesto en cualquier listado de este tipo.
11. Cooties (2014)
Un escritor fracasado comienza a trabajar como profesor sustituto en el colegio donde estudió de pequeño. Su primer día coincide con la llegada al comedor de una partida de nuggets contaminados que transforma a los alumnos en criaturas salvajes.
Cooties adopta la estructura de una película de infectados, encierra a varios profesores dentro del centro y utiliza la situación para repartir gore, humor negro y bastantes golpes bajos. Elijah Wood vuelve al subgénero más de veinte años después de El buen hijo, aunque esta vez le toca escapar de los pequeños.
La infección afecta únicamente a quienes todavía no han alcanzado la pubertad. Esa regla permite que los adultos queden rodeados por una horda de niños mientras intentan decidir si siguen tratando a sus atacantes como alumnos o aceptan que se han convertido en monstruos.
No todas sus bromas funcionan y algunos personajes pueden resultar agotadores, pero la mezcla de comedia, zombis escolares y violencia desatada ofrece un descanso entre propuestas bastante más serias.
12. Better Watch Out (2016)
Una adolescente acude a cuidar a un niño de doce años mientras sus padres salen a cenar. Lo que parece una noche tranquila se transforma en un asalto a la vivienda y, poco después, en algo bastante más retorcido.
Contar demasiado sobre Better Watch Out estropearía buena parte de la experiencia. Su inclusión en una lista de niños peligrosos ya proporciona una pista que la película intenta ocultar durante sus primeros minutos.
Chris Peckover utiliza elementos de las comedias navideñas y del cine de invasiones domésticas para jugar con las expectativas del espectador. Bajo las luces, los adornos y las canciones festivas aparece una historia sobre el sentido de posesión, el rechazo y la facilidad con la que alguien puede confundir una fantasía romántica con un derecho sobre otra persona.
Su joven antagonista resulta especialmente desagradable porque no actúa bajo la influencia de ninguna entidad. Es caprichoso, manipulador y capaz de convertir la violencia en un juego diseñado para demostrar que siempre es el más listo de la habitación.
13. Brightburn (2019)
¿Qué pasaría si un niño con los poderes de Superman no desarrollase su sentido de la justicia?
Brightburn (El Hijo, en España) responde a esa pregunta siguiendo a Brandon Breyer, un muchacho llegado del espacio y criado por un matrimonio de Kansas. Durante años parece un niño normal, pero la pubertad despierta sus poderes y una creciente falta de empatía.
La película dirigida por David Yarovesky y producida por James Gunn utiliza la iconografía del superhéroe para construir un slasher. Brandon vuela, tiene fuerza sobrehumana, lanza rayos por los ojos y puede atravesar prácticamente cualquier material. Para sus víctimas no existe refugio posible.
Su premisa daba para profundizar mucho más en la educación, la responsabilidad y la naturaleza del mal. La película prefiere avanzar rápidamente hacia las muertes y deja algunas ideas apenas esbozadas. Aun así, varias secuencias son lo suficientemente salvajes para dejar huella y su versión del niño todopoderoso encaja perfectamente en este recorrido.
14. Los inocentes – The Innocents (2021)
Cuatro niños descubren que poseen habilidades telepáticas y telequinéticas mientras sus familias pasan el verano en un complejo residencial noruego. Al principio, utilizan esos poderes como una extensión de sus juegos. El problema llega cuando uno de ellos empieza a probarlos sobre animales y personas.
Eskil Vogt, coguionista habitual de Joachim Trier, observa la infancia sin idealizarla. Sus personajes están formando todavía su sentido de la empatía y no comprenden por completo las consecuencias de lo que hacen. La crueldad puede aparecer por curiosidad, aburrimiento, rabia o por el simple deseo de comprobar qué sucede.
Los inocentes se aleja del espectáculo superheroico de Brightburn. Los poderes son más discretos, los conflictos resultan cercanos y casi todo ocurre mientras los adultos se ocupan de sus propios problemas sin darse cuenta de la batalla que se desarrolla a pocos metros.
Es una película paciente, extraña y bastante incómoda. También una de las propuestas recientes que más seriamente se toma la posibilidad de que un niño todavía no haya aprendido dónde termina el juego y empieza el horror.
15. There’s Something Wrong with the Children (2023)
Dos parejas y sus hijos pasan un fin de semana en unas cabañas rodeadas de bosque. Después de visitar unas ruinas cercanas, los niños desaparecen durante unas horas. Cuando regresan, parecen los mismos, aunque su comportamiento indique lo contrario.
Roxanne Benjamin dirige una película que combina el miedo a que algo haya sustituido a los pequeños con las tensiones existentes entre los adultos. Una de las parejas no tiene hijos, y las primeras sospechas son interpretadas como una muestra más de su incomodidad ante la vida familiar de sus amigos.
El planteamiento recuerda a El pueblo de los malditos, The Children y otras historias en las que los padres se resisten a aceptar que esas criaturas con rostros conocidos ya no son sus hijos.
No es la película más redonda del listado y algunas de sus decisiones dividen bastante, pero representa bien la vigencia del subgénero. Setenta años después de Mala semilla, seguimos encontrando nuevas formas de mirar a un niño y preguntarnos si deberíamos acercarnos a ayudarlo o salir corriendo.
Algunos candidatos descartados
Al preparar este especial aparecieron varios títulos que terminaron quedándose fuera. La huérfana juega durante buena parte de su metraje con la figura de la niña perversa, pero su conocido giro la aparta del criterio base.
También surgió Little Monsters, aunque en ella Lupita Nyong’o intenta proteger a unos escolares durante un brote zombi: los pequeños son las posibles víctimas, no la amenaza. Y por mucho que me guste Eden Lake , una película brutal y con un final difícil de olvidar, sus agresores ya son adolescentes. Incluirla abriría la puerta a otro listado bastante diferente.
Dulce sabor a muerte: Eli Roth reparte los helados
El tráiler de Dulce sabor a muerte no parece interesado en la sutileza. Niños con hachas, padres amenazados mientras duermen, juegos infantiles convertidos en carnicerías y un heladero que contempla el caos con una sonrisa.
Eli Roth asegura que llevaba más de veinte años queriendo realizar esta película. Puede que ese largo tiempo de espera explique por qué parece dispuesto a meter en ella todas las barbaridades que otros estudios no le permitieron rodar anteriormente.
Queda por comprobar si debajo del gore existe una buena película o si todo se reduce a una colección de escenas diseñadas para provocar al público. Roth ha demostrado varias veces que sabe construir secuencias potentes, pero también que su entusiasmo por la sangre puede imponerse sobre los personajes y la historia.
En cualquier caso, el punto de partida recupera una pregunta que el cine lleva décadas utilizando: ¿qué hacemos cuando la amenaza tiene el rostro de alguien a quien se supone que debemos proteger?
Chicho Ibáñez Serrador formuló esa duda hace cincuenta años y ni siquiera necesitó llenar la pantalla de vísceras. Eli Roth va a responderla a su manera. Con música de camión, cucuruchos y bastantes litros de sangre.
Después de repasar estas quince películas, quizá lo más sensato sea desconfiar la próxima vez que un niño llame a la puerta.
Especialmente si trae helado.
