Star Trek: En la Oscuridad [Crítica, sin spoilers]

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Star Trek: En la Oscuridad [Critica, sin spoilers]
En 2002 se estrenó la décima película de la saga Star Trek (con la coletilla Némesis) y podríamos asegurar, sin quemarnos demasiado la mano, que a nadie –en un sentido genérico de la palabra- le importó un pimiento. Así estaban las cosas, señor juez. Los ejecutivos de Paramount se encontraban con una propiedad legendaria, que durante 40 años se mantenía como icono popular, pero que tenía el mismo atractivo que chupar un polo de limón. Es decir, puede estar bien, y a un relativamente modesto grupo de personas les puede volver locos de placer, pero en general es una experiencia olvidable.
Los mismos ejecutivos de Paramount tenían muy buena relación con «el chico genio friki» del momento, J. J. Abrams (de ahora en adelante, Jotajota, que hay confianza). Curtido en televisión, sus series alcanzaban hacia finales de la primera década del s.XXI la máxima expectación y seguimiento, aunque sufrían del mal del high concept (que es básicamente cuando una historia tiene un concepto tan rematadamente cojonudo, tan la ostia, que su desarrollo está condenado a no ser ni remotamente tan interesante como la idea de la que parte: lo que viene a ser ‘tener el listón muy alto’). De ahí saltó al cine salvando las papeletas de la saga cinematográfica Misión Imposible con una tercera parte bastante cojonuda, y podríamos decir que se ganó la confianza del estudio. ¿Siguiente paso? La última frontera… el espacio. Y hacer molón un polo de limón.
Star Trek: En la Oscuridad [Critica, sin spoilers]
Los Kirk (Chris Pine) y Spock (Zachary Quinto) de Jotajota
Con Star Trek 2009, Jotajota consiguió aunar al trekkie (dícese del fan irredento de la saga, aquel que pelearía a machete por el orgullo de Spock y se sabe la cronología cruzada precisa entre las mil series de televisión derivadas del fenómeno original creado por Gene Roddenberry en los 60) y al recién llegado con una película formalmente impecable, fresca, joven, dinámica, audaz, graciosa… Una combinación ganadora, que además llevaba todos los sellos de la casa Jotajota: un gusto por planos torcidos, destellos de luz fotográficos por doquier (llamados “lens flare” y que son objeto de coña por internet por su uso y abuso), giros de guión como un campo de minas servocroata, una épica muy particular y… viajes en el tiempo. ¡¡ Hasta Felicity, su primera serie, tiene viajes en el tiempo !!. Le pirran.
Obviamente el experimento funcionó, y aquí estamos en 2013 con la segunda parte. Tras un prólogo frenético y colorido, comprobamos que los personajes siguen siendo básicamente los mismos entrañables, peculiares y un poco canallas -en algún caso- a los que pudimos conocer de nuevo por primera vez en la anterior entrega. Mientras Kirk, Spock y el resto de la tripulación tendrán sus más y sus menos entre ellos y con la jerarquía de la Flota Estelar, presenciamos como un misterioso personaje va sembrando el caos de forma selecta y astuta, minando la confianza entre las fuerzas aliadas y plantando la semilla de lo que puede ser una guerra apocalíptica a nivel galáctico.
Star Trek: En la Oscuridad [Critica, sin spoilers]
Benedict Cumberbatch en el papel de …
Se puede decir con una relativa tranquilidad que el guión no suele ser el punto fuerte del cine palomitero. Jotajota otra cosa no sé si será, pero es un amigo para gobernarlos a todos, porque donde él va, sus colegas van con él. Tener a Alex Kurtzman y Roberto Orci son viejos conocidos tanto de la casa Abrams como del cine de entretenimiento, y si bien no han destacado por la excelencia de sus libretos, por lo general suelen salir airosos. El tercer par de manos que mete mano en el guión es en principio el más problemático: Damon Lindelof. Amado y odiado a partes iguales, el co-creador de la serie Perdidos (que tiene un twitter divertidísimo en el que abiertamente reconoce que ni él entiende el final de susodicha serie) suele pinchar donde quieras que pongas tus ojos. Conceptos interesantes, personajes de caracterización caótica en el mejor de los casos y un gusto por plantear más de lo que resuelve son las marcas de su oficio. Aquí, quizás controlado por Kurtzman y Orci, esos handicaps se ven disminuídos (no llegamos al punto de ese jodidamente entretenido insulto a la inteligencia que es Prometheus), pero no desaparecen: el villano, un Benedict Cumberbacht cojonudo (su voz en v.o. es brutal) inmenso, se siente por debajo de lo que podría haber sido; la trama se alarga quizás en exceso, estando trufada de lugares comunes; hay elementos introducidos con calzador (spoiler alert: la aparición de Nimoy es cuanto menos accesoria, y el personaje de Alice Eve tiene su momentito de gloria pero no es una gran adición a la tripulación) y en general hay un intento de dar profundidad a personajes con numerosas escenas de diferente calado emocional cuando en muchos casos es mejor aplicar un «o lo haces, o no lo haces, pero no lo hagas a medias».
Sin embargo, donde hay una de cal, hay una arena. El humor está introducido en su justa medida y en los momentos oportunos, he mencionado que quizás un metraje algo más corto hubiera beneficiado pero no es cargante ni soporífera en ningún caso, independientemente de sus elementos discutibles es una película realizada desde el amor a la saga y con una intención de gustar a todos sin disgustar (demasiado) a los de siempre (aunque se han divisado trekkies cabreados en todas las sesiones realizadas hasta la fecha, y esa gente si se cabrea mucho, deja de respirar, se pone azul y explota… y con esto vengo a decir, desde el cariño, que hay con mente
abierta a estas cosas).
Star Trek: En la Oscuridad [Critica, sin spoilers]
Zoe Saldana (¿ o Saldaña?) es Nyota Uhura
El papel que quizás me atrevo a cuestiona más es, fíjense ustedes que cosas, el de nuestro amigo Jotajota. Su cine es visceralmente el que nace fruto de la reverencia de un niño que amó la televisión y el cine, y de adulto es capaz de crear su obra desde la admiración. Tarantino es otro que entra en esta categoría: un gran cinéfago y friki que hace cine referencial y visceral, desde las entrañas de lo que mamó (con perdón). Volviendo a Jotajota, sólo hay que mirar su filmografía, y es por eso que Star Trek 2009 se sentía arrolladora por esta pasión que sólo un devoto fan (con las manos más o menos atadas mirando la taquilla con los pies en el suelo) puede volcar. Y en cambio Star Trek 2013 (En la Oscuridad) se siente… de paso. Nunca podremos saber qué nos parecería una noticia si no hubieramos conocido cierto detalle crucial sobre ella antes de abordarla, al igual que nunca podremos saber qué nos habría parecido ésta película sin saber que la siguiente del director es Star Wars Episodio VII. Pero yo cuando vi ‘Romeo + Julieta’ de Luhrmann no entendí una mierda, y cuando vi, años después, ‘Moulin Rouge’ del mismo director… lo pillé. Revisioné su cuento shakespiriano y lo entendí. Hay veces que el dato extra sí que te da la claves para saber el porqué algo es como es.
Y en «Star Trek: En la Oscuridad» (ST 2013 para mi) se siente, no ya desgana, pero si un mero oficio donde había pasión, y curiosamente se pueden localizar algunas referencias a la saga de Lucas, desde el diseño de las ciudades a ciertas peleas (aunque en este caso me podéis señalar con el dedo y llamar loco). Los dos universos se acercan formalmente en una relativa neutralidad general que sobrevuela por la cinta. Esto no deja de ser un supositorio, como yo digo, pero la realidad palpable es que esta Star Trek se siente continuísta, pero ya no es fresca ni audaz. Es impecable y más que correcta, pero no enamora. Te da todo lo que se supone que debería darte… te da la mano, te da las gracias y se va.
Star Trek: En la Oscuridad [Critica, sin spoilers]
Quinto / Spock en una impresionante escena
En el apartado técnico uno sólo puede ponerse de rodillas y aplaudir y gritar y llorar de agradecimiento. Star trek 2009 se llevó un Oscar al mejor maquillaje, merecido, y con suerte, y dependiendo de lo que nos queda de año, la que nos ocupa alguna nominación debería cosechar. La fotografía de Dan Mindel es vigorosa, el diseño de producción de Scott Cambriss es complejo y atmosférico, el vestuario de Michael Kaplan continúa aunando el clasicismo vintage de los diseños originales con la audacia de las tendencias del general actual… pero si debo destacar a uno de los amigos de Jotajota en esta aventura (porque todos los anteriores son previos colaboradores de la casa Abrams) es a su más fiel acompañante, el músico Michael Giacchino. Su partitura consigue lo que pocas, la majestuosidad épica del coro y la percusión apocalíptica que acompañan una batalla descarnada de naves espaciales, y la sensibilidad a flor de piel (de gallina) de un piano que describe como un padre hará lo que sea por salvar a su hija de una enfermedad mortal. Me alegro que John Williams orqueste el Episodio VII (en principio, a día de hoy, así es), pero en mis sueños húmedos quedará como Giacchino daría sangre nueva a esa galaxia tan, tan lejana.
Así pues, nos encontramos con una más que correcta secuela que mantiene la esencia del enfoque trekkie de Jotajota (& cia), pero que se muestra, de una manera sutil y quizás involuntaria, como puente hacia su siguiente gran deseo de niño hecho realidad (¿o quizás su maldición? Porque como le salga rana, uff, no quisiera estar en su piel).

Star Trek: En la Oscuridad se estrena en España el próximo 5 de Julio, y De Fan a Fan (Javier Garrón en este caso) asistió al pase de prensa que Paramount Pictures realizo en Barcelona.

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2 respuestas

  1. @La Voz: entiendo lo que dices, pero todas las voces apuntan en la misma direccion, que es una pelicula entretenida, pero que no tiene ni la magia ni la calidad de la anterior, algo que no quita que se pueda disfrutar tranquilamente como una secuela de este nuevo mundo Star Trek

    Un saludo.

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