Crítica de «Los Pitufos: La Aldea Escondida» ¡Es hora de pitufar!

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Crítica de «Los Pitufos: La Aldea Perdida»

Este fin de semana, los niños están de enhorabuena con el estreno de la nueva aventura de estos duendecillos azules creados por el dibujante francés Peyo a finales de los años cincuenta del siglo pasado (actualmente, la editorial Norma está sacando en España las viñetas originales). Los Pitufos: La Aldea Escondida es una aventura animada que hará las delicias de los más pequeños de la casa, y también, de algunos mayores que hayan crecido con estos personajes.

La historia supone un nuevo comienzo para estos personajes. Hace unos años se estrenaron dos películas, una de ellas protagonizada por Neil Patrick Harris y que transcurría en Nueva York. Ninguna de las dos las he visto, porque nunca he sido un gran fan de estos personajes, aunque de niño recuerdo haber visto una serie de animación que echaban en televisión. No ha sido hasta esta nueva película cuando he conseguido aficionarme a las aventuras de estos excéntricos seres. Y es que, si algo tiene este nuevo film, es precisamente locura, y golpes de humor buenos. Pero también, en el interior del relato, apreciamos un pequeño trasfondo.

Las pitufas de la Aldea Perdida

La protagonista absoluta del film es Pitufina. Por supuesto, Filósofo, Fortachón, Torpe y Papá Pitufo tienen su relevancia. Pero aquí, se amplía un poco más el universo de los personajes, mostrándonos la existencia de una aldea pitufa nueva, toda ella habitada por Pitufas. La protagonista del film, anda a la búsqueda de su identidad. Perdida en medio de los demás, no sabe cuál es su habilidad, su don, eso que define a los demás. En esta aldea pitufa nueva, junto con su líder, Pitufa Sauce y las demás, encontrará su destino.

Un relato en el que además encontramos un toque reivindicativo feminista, pero un mensaje muy importante que va más allá de esto: no importa cómo ni quién seas, lo que de verdad importa es que seas tú mismo.

Gargamel en Los Pitufos: La Aldea Perdida

Una idea fundamental en estos tiempos de etiquetas constantes y donde debes significarte de una manera para pertenecer a una tribu determinada. Todo ello enmarcado en una poderosa animación que nos deja imágenes preciosas de paisajes y de las texturas de los personajes. ¿Y qué película de pitufos sería esta sin el malvado Gargamel haciendo de las suyas? Y es que los momentos de diversión nos los regala este personaje una vez más, creyéndose más listo de lo que es, con su gato Azrael tomándole el pelo e intentando ayudarle sin resultado, en una cruzada más para capturar a los Pitufos y utilizarlos en sus conjuros.

Los Pitufos: La Aldea Escondida es una película muy entrañable, divertida y supone un gran producto de entretenimiento para niños, y quizás, para muchos no tan niños.

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